Thought Mantique: Cronograma
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Cronograma diciembre y 2021 - Punto.

viernes, febrero 11, 2022

(Enlace a la lista aquí)

Qué fácil es mirar atrás y sentir que se cierra un círculo, una etapa, un capítulo. Pero también qué fácil es dejar correr el tiempo y no reflexionar, no meditar, no asimilar. Estamos ya a febrero y llevo posponiendo estas letras porque me sentía como hoja en blanco, sin nada que decir. A veces se me olvida lo importante que es para mí tomar mi tiempo y poner por escrito las reflexiones, porque rápidamente caen en el olvido y me encuentro con lagunas plácidas pero que me ocultan sus profundidades.

Cronograma Octubre y Noviembre - En silencio se existe

lunes, diciembre 06, 2021



(Enlace a la lista de Spotify de octubre y de noviembre

Buenos días desde una mañana de horizonte límpido, y con la resaca de ilusión de haber construido con las manos. 

Cómo concentrarme hoy si he salido a ver el amanecer y el sol despuntaba sobre las montañas y una ola de niebla.

Primer café caliente de la temporada, atrás queda despertarse con el hielo, el frescor que se desliza por la garganta.

Buenos días desde las mañanas cada vez más frías. El aire de la noche se cuela en casa y salir de la cama empieza a ser complicado. Ni siquiera que la mente sea hoy un tren desbocado ayuda a entrar en calor.

Buenos días desde el silencio en casa. Huele aún al incienso de la noche, y en mis manos sigo notando la fría cerámica cobrar vida bajo mis dedos.

Buen día desde la niebla sobre la montaña, el vaho que inunda la cocina al hervir el té, y la opacidad que llevo dentro.

Buenos días desde el vuelo de las golondrinas. Ojalá ser tan libre y no sentirme tan pesada, tan impostora, tan fracaso. Ojalá simplemente ser.

Buenos días desde el amanecer, el del horizonte y el que llevo dentro. He de llevar este silencio que me rodea con que me aprisione. Existo poco fuera de mis límites, más en el interior soy un bosque en constante crecimiento.

Que denso es sentir, pero más agobiante es intentar encontrarle la justificación y el sentido a cada emoción.

Romantizando este martes encendiendo una vela y preparando un té blanco afrutado para afrontar la tarde.

Buenos días desde las mañanas engañosas: el sol es radiante pero el aire gélido. Las horas de sol menguan como el ánimo, pero supongo que consuela sabernos a todos en el mismo barco.

Buenos días desde la fuerza que florece dentro, espaciada por el gélido aire que golpea las ventanas. Un día más, una lucha más por hacerme un hueco en el mundo.


I

Después de finalizar septiembre con mi primera clase de cerámica sigo y sigo moldeando: barro en las manos, en la ropa, en la mascarilla. Polvo al pulir, trozos al agrietarse. Moldeo con los dedos pero también con algo más, algo que se transmite sin ser visto pero que perdura, quizá es el alma, la esencia, o ese pedacito que dejamos por donde pasamos. Comparto mis primeras impresiones en los Apuntes I

Hace un año estaba en ERTE parcial, en un nuevo semestre, con un curso del SEPE, en un proyecto de danza, clases varias, y diciendo "sí" a adoptar otro gatito (que, al final, fueron dos). Estoy en la misma silla, mismo escritorio, pero mi vida ha cambiado de manera que no me imaginaba. En los siguientes meses dejé la carrera, el proyecto y las clases, empecé la medicación y adopté 2 gatitos. Me di un año de plazo para cuidar de mí misma y centrarme en lo que me apasiona: crear. A veces parece que todo sigue igual cuando en realidad es que el cambio ha engullido todos los niveles.


II

Soñé me iba a vivir a un pueblo al sur llamado Santa Tecla, cerca del Mar Menor. Durante un mes, este mar crecía e inundaba las calles, y en mi casa el agua se colaba fácilmente. Antes de todo, una vecina regaba mis plantas al verlas tan secas.


III

En el #DiaDeLasEscritoras felicito a todas aquellas que escribimos, que dejamos en la hoja lo que nos atenaza el pecho, que construimos mundos, que buscamos ir más allá de nosotras mismas. Feliz día a aquellas que no han publicado, las que escriben para sí mismas, las que están descubriendo a penas este arte, las que han encontrado su estilo o han roto con él. Que no os digan que no sois escritoras solo porque escribís para vosotras. Feliz día a las que publican, a las que auto publican, las que suben sus escritos a plataformas gratuitas, las que dedican su vida a ello y las que tienen que compaginar. A las que tienen su grupo, a las que se sienten solas y aún no encuentran su hueco. Feliz día a las que están en un bloqueo, o salieron de él, o regresaron a la escritura tras años de pausa. Feliz día a las que les cuesta sacar una página, y a las que mil palabras son pan comido. 


IV

Crece una desazón en mí, a la que no se ponerle nombre. Será pasajera, pero igual ahoga.


V

No soporto que me miren, pero me gustaría dejar de ser invisible.


VI

Tengo varios días de querer tirar la toalla. Suele no importarme gritar al vacío, ocupar espacio aunque nadie lo reconozca como mío, pero supongo que he llegado un poco a mi límite. Crear para mí misma se me queda corto, pero siento inalcanzable la conexión con los demás. Estoy cansada de luchar por la visibilidad, por tener que reflotar por encima. 

La energía se me escapa y pierdo la ilusión por crear, porque hay un fin al que no llego. La ilusión del camino está cubierta de niebla. Sé que esta sensación de fracaso pasará y volveré a levantarme y a luchar por que mis letras, mis creaciones, consigan llegar a alguien y conectar, pero hoy no es el día (ni la semana, ni el mes). 

Es muy difícil reclamar atención cuando hay mil y una más como yo, que buscan que su arte traspase y llegue a los demás. Estamos todas en el mismo barco, el de querer crear y que ello sea algo importante en nuestras vidas.  Pero, ¿cómo reclamar un sitio propio entre tantas? Y más cuando ya hay tanto talento, tanto éxito, ¿quién soy yo para intentarlo si no una mera sombra? ¿Cómo poder tener constancia para estar, crear y promocionarse cuando la vida reclama tantas horas? ¿Cómo construir una comunidad en la cual poder darnos apoyo para crecer? ¿Cómo derruir muros propios y ajenos? Al final del día el trabajo y las obligaciones hacen que una este cansadísima para poder siquiera plantearse algo así. Ya no es luchar a contra corriente, es sencillamente que el río está seco. Supongo que toca seguir pasito a pasito a pesar de que no vea nada delante mío.

Digo “estoy triste”, pero no es realmente eso. Me corrijo: “es frustración”. Sí, quizá es un poco más eso, pero hay una tristeza inherente a la cual no puedo dar la espalda. Cómo definir la imposibilidad de no dedicarse a lo que el alma pide: crear. No consigo optimizar mi tiempo, ni centrar las energías. Qué fácil es dispersarse y más cuando durante el día casi todo son obligaciones para la supervivencia, para que el caos no engulla. Supongo que hay que seguir sanando, aprendiendo, poco a poco creciendo.


VII

Noviembre me trae respiro y recuperar la ilusión por crear. Vuelvo a creer que mis metas son alcanzables, que más que rozarlas con los dedos podré aferrarlas y arrastrarlas hasta mí. Tengo muchas cosas que escribir y se me agolpan y se devoran unas a las otras y solo quedan cenizas. Estoy en un punto bastante estable y bueno de mi vida, pero me cuesta centrarme en ello porque no consigo que la creación forma parte de mi rutina. Podría renunciar a ella y centrarme en sentirme satisfecha con el resto, pero es que noto un vacío que me carcome.

Encuentro que el sofá me adormece, me da desidia, y es en mi trabajo, en la creación, donde realmente hallo la dicha en el tiempo libre. Cosas que siempre he sabido pero que cuesta asimilar, como si tuviera que recaudar todo un folder de evidencias para convencerme de que sí, lo mío es crear. Después de casi un año, vuelvo a gozar el bailar, leo, salgo a ver el atardecer mientras acabo unas piezas de cerámica y vuelvo a respirar.

Quiero pensar en la vida que me gustaría tener. Llenarme de lo que me encanta para sentirme menos vacía.


VIII

No puedo renunciar a crear porque está tan unido a mí que me abruma su ausencia, pero tampoco estoy hallando el tiempo y la energía para dedicarle el tiempo que me gustaría. Es un bucle. No sé qué me pasa, que tengo más tiempo que nunca pero siempre me acaba faltando: acabo liándome con recados, o necesito descansar, o después de todo el día delante de una pantalla necesito parar antes de que empiece a dolerme la cabeza o los ojos. Es curioso como el estrés es una especie de propulsor, de generador para empezar a moverme. Porque es eso, lo que me falla sobre todo es el inicio de.

Disciplina. Ayer buscaba esta palabra mientras yacía en la oscuridad, cubierta por el nórdico hasta la nariz. Soy lo contrario: se me escapa la energía por la boca, en el remolino de pensamientos del día. Se me escapa por los poros, en la respiración. Pienso y pienso sin darme cuenta que exudo toda la intención.


IX

Escribo: Existo a trocitos, despegados apenas y con espacio entre cada uno. O quizá existo en ese hueco: el abismo entre ser una cosa o ser otra. Soy docenas de aficiones e intereses que se solapan y se pliegan entre sí, el día no da abasto para tantos ámbitos, y aun así busco la manera de, poco a poco, minuto a minuto, sentirme que estoy completa, que mi interés global es una única cosa y no los fragmentos desperdigados de la existencia.

Cronograma Septiembre - A traspiés

lunes, octubre 25, 2021

 

(Enlace a la lista de Spotify aquí)

Buenos días desde septiembre, la pausa después del caos. Aquí buscaré reencontrarme, hallar mi espacio, mi voz, eso que siento que he perdido, que desaparece lentamente entre las sombras.

Buenos días desde el frescor que ahora inunda las mañanas. Me pongo un pantalón suave y largo hasta que apriete el calor tardío, y me siento arropada, entre nubes. El abrazo de los cambios, incluso cuando solo es el paso de una estación a otra.

Buenos días desde el silencio de las mañanas. Una lengua de niebla se desliza por la ladera de la montaña delante de casa, parece una cascada que conecta cielo y tierra. Aquí, en las alturas, yo también quiero esa conexión.

Buenos días desde la luz cándida del amanecer. El horizonte tiene un tono opaco, gris, pero las sombras se desplazan con el pasar de los minutos para dejar que la candidez del día arrope el paisaje.

Buenos días desde la niebla: la que cubre la montaña, la que nace de mí. También yo desaparezco tras el velo del dolor, de la recaída.

Buenos días desde el fin del verano: frío en los pies, en las manos, pantalón largo, y el café caliente. Atrás quedó el despertarme y refugiarme en las bebidas frías.

Buenos días desde lo que fue un despertar promiscuo: antes de amanecer, antes de que la lengua de niebla se arrastre por el horizonte y cubra el monte delante de casa.

Leo que Olatz Vázquez fallece y es como perder una amiga lejana, que conocí brevemente pero a la que le deseaba paz y tranquilidad. Ver que ha desparecido con la sensibilidad que aportaba su trabajo me encoje las tripas. No lloro, últimamente no me quedan lágrimas, pero noto que algo se me revuelve, que la vida se inclina un par de grados y todo parece fuera de sitio. Como leí en un tuit: la leía a escondidas, cuando aparecía en redes, porque seguirla y estar al tanto era demasiado doloroso. Dolor empático y dolor nostálgico, por ella y por los que yo también perdí en una habitación de paliativos. Hay cosas que siempre tocarán demasiado cerca, que reviven las heridas pasadas. Siento esa angustia de nuevo, el remolino de pensamientos intrusivos que me decía: “tú lo tienes, tú también, todos lo tienen, todos pasaremos por lo mismo”. Recuerdo ese bucle tumbada en la cama, mirando al techo porque no podía dormir del pánico que me atenazaba de madrugada. Sé lo que deben sentir sus seres queridos, y a la vez no lo sé, porque nunca se acaba de entender. La pérdida es universal, pero eso no le quita la singularidad a cada una. Cuánto lo siento.

Septiembre es poner en orden la esencia que desperdigamos en vacaciones, retomarnos como somos y como queremos ser, hacer un balance. Somos un proyecto andante que se renueva cada día. No es fácil cambiar, menos cuando llevas funcionando de la misma manera años. Las heridas profundas tardan en sanar, y sin una bondad hacia nosotros mismos para apoyarnos en el camino estás seguirán abiertas, sangrando, derramando la vida que contienen al suelo. 

Me di un año de prueba y llevo ya 9 meses. Siento que he avanzado muchísimo y al mismo tiempo que no he llegado a ningún sitio. Quiero encauzarme, pero es que siempre digo la misma frase. Quizá lo ideal sería conseguir dejar de pensar y únicamente hacer: crear hasta que sea tan rutinario como respirar.

Mi amiga de toda la vida se ha mudado temporalmente a Hungría y eso significa que ya no la tengo a 10,000 km y estamos en el mismo uso horario. La perspectiva que da la distancia creada por el océano.

Crear también engloba el hogar, cuidarlo y convertirlo en un refugio. Llevo viviendo tanto en casas no-hogar, que se me había olvidado ir más allá de la limpieza y el orden. Supongo que también ahora me lo puedo permitir: tengo los horarios y la estabilidad que me dan el reposo y el tiempo necesario para dedicarme a mi hogar, a construirlo desde los cimientos y no vivir a base de pedazos, de espera hasta el próximo cambio.

Una de las mejores cosas que he hecho es darme permiso de crear algo complejo, lleno de intimismo y que dé a la reflexión así como algo ligero, divertido, y donde la simplicidad sea la estrella. Soy válida aunque no esté en ningún lado del espectro, aunque no me centre. 

Empezar algo nuevo es como renacer. Empiezo las clases de cerámica con más nervio que ilusión, al final de un mes que me ha llevado arrastrando y me ha deteriorado por completo. Me dejo llevar, no hay expectativa. S., la profesora, ya lo dice: «se practica el desapego, hasta que la pieza no está en tu casa, no es verdaderamente tuya… tantas cosas pueden salir mal». Soy honesta al momento de la presentación: “soy muy creativa, escribo, bailo, ilustro…. Pero me exijo demasiado y quería empezar de cero, volver a las raíces”. Quiero aceptarme como soy y eso significa renunciar a la falsa humildad de creerme mediocre, cuando dentro de mí hay un bosque esperando ser explorado.

De todo lo que no somos, hay algo que nos hace anhelar; una nostalgia de lo que no pudo ser.
Imagen de una linea con filigranas que hace de separador.
Inauguro el mes con un retazo de pensamientos surgidos de mis casi dos semanas fuera de casa. Pequeños retazos que hilan sentimiento y pensamiento, unos apuntes post vacacionales. Para el #TLOUDay recupero mi reseña/impresiones de la segunda parte de la saga para recordar lo mucho que me impactó. 

Comparto también unas reflexiones sobre Adam, de Maryam Touzani (2019), una película llena de dulzura, carisma y ternura.

Agosto - Corriente de aire

lunes, septiembre 20, 2021

 

Se ve una playa, en la esquina derecha se erige un hotel. En la parte derecha hay dos palmeras solitarias. No hay nadie y el cielo está salpicado de algunas nubes.
(Enlace a la lista de Spotify aquí)

Buenos días desde la prisa innecesaria que asfixia, que solo existe porque ha sido hábito constante del que ahora intento desprenderme.

Buenos días desde la lluvia plácida y silenciosa. Ha llegado por la madrugada sin avisar, esparciéndose por el horizonte y cubriendo el monte de nubes.

Buenos días desde el sol que tinta de ámbar la montaña. Las horas son las mismas pero el amanecer se acerca y, junto al frescor de las mañanas, anuncia el otoño ya cerca.

Buenos días desde un lunes en el que debo recuperarme: la vuelta ha sido más pesada de lo que imaginaba y necesito reconducirme. Sin prisa, pero sin pausa.

Qué es este mes sino un impasse aumentado por el calor. La incomodidad de la temperatura a mí me convierte en inútil, un esperpento de existencia que se limita a vagamente existir. Arrastro mi paso por pasillos y calles, todas conexiones entre punto A y punto B, ese intermedio tedioso que no sé cómo gestionar cuando siento que me cocino por dentro. Además de todo, es que soy una dramática.

Me hago una escaleta propia de proyectos, de avances que no cumplo, pero que me inspira, me hace sentir menos caótica en la tormenta que es el pensar, el crear. A pesar de la pausa, uno de esos pendientes lo consigo tachar al escribir un relato para una antología, de la cual aún no conozco el fallo pero que la misma acción de escribirlo me llenó de disfrute, a pesar de lo trágico que impregnaba la narración. 

Resalta mi tiempo fuera de casa, fuera de lo que soy cada día, de lo que me rodea. Llevo dos días disfrutando del retorno, la comida, la familia, y no se me ha pasado por la cabeza tener que compartirlo, solo vivirlo: qué importante es saber distanciarse de las redes. Compartir publicaciones sobre lo importante que es vivir el presente a veces es una contradicción. Supongo que curarse también es ser consciente de los momentos que perdemos al querer enseñarlos. Estar presente con todos los sentidos es mi manera de arropar.

No he escrito, no he leído, no he hecho fotos, no he visto ninguna película, pero he estado con la familia, he paseado, he comido y me encuentro bien. Hay mucho que perdemos desde la prisa. Qué queda si no el solventar los entramados cotidianos desde un primer plano cuando yo siempre estoy más allá de la pantalla. Qué queda si no son estos momentos.

La vuelta a casa siempre es caótica, porque aunque siempre echo de menos el hogar (ahí es donde me siento en completa armonía), no me hallo: como si pedazos de mí estuvieran aún de camino. Estoy, pero no me hallo. Me siento ajena a mis propias paredes, mi propio centro vital. Para cuando consigo hallarme, tropiezo con el ánimo de cada domingo: pero porqué no puedo hacer las 4 cosas que me apetece hacer ahora mismo sin tener que decantarme por una.

La vuelta al trabajo al acabar el mes se vive mejor con un té negro y unas galletitas de mantequilla... En realidad se vive mejor la vuelta trabajando desde casa, con horarios conciliadores, un sueldo adecuado, una carga de tareas equitativa, un ambiente sin acoso, un comité que vela por el cumplimiento de nuestros derechos y la tranquilidad de un contrato indefinido.


Portada del libro "Gótico", de Silvia Moreno-Garcia. Aparece una mujer de cabello corto, oscuro, sus ojos no aparecen ya que están cortados por el borde del libro. Lleva un vestido palabra de honor de color rojizo, y sostiene flores en las manos.

«Hay lugares pesados. Lugares en los que el mismo aire pesa por culpa de una maldad que lo vuelve agobiante. A veces se trata de una muerte, pero puede ser otra cosa.» [ Reseña aquí ]



Portada del libro "La maldición del tranvía 015", de P. Djèlí Clark. Es una ilustración que muestra un tranvía suspendido de un cable aéreo que está llegando o saliendo de un edificio.

«Ese espíritu era un ser sin forma que solo se ocupaba de sus propios asuntos. Entonces, se encontr´con los hombres. Y ellos decidieron convertirlo en esa hermosa mujer o en esa viueja monstruosa, porque esa es la única manera en que muchos hombres son capaces de ver a las mujeres. A lo mejor estaban buscando una explicación a por qué sus esposas morían en el parto,  o por qué los bebés morían en la cuna. A lo mejor simplemente les daban miedo las ancieanas.» [ Reseña aquí ]


Julio - Corte sin sangrado

domingo, agosto 08, 2021


(Enlace a la lista de Spotify aquí)


Buenos días desde el inicio de mes, donde todo parece posible, incluso el levantarse tras la caída. Resurgir como la leche cuando la derramas sobre el café.

Buenos días desde las cenizas de un fuego, lo que queda de la explosión para recordar la promesa: sé valiente, sé auténtica, cree en ti misma.

Buenos días desde una mañana en la que amanecí rodeada de gatos. A veces, en días que han sido duros, por la noche vienen a la cama y se acomodan cerca de mi cabeza. Quizá filtran lo que ahí se rumia, o acompañan para que los malos sueños se queden como una irrealidad.

Buenos días desde un cielo claro, limpio; la única turbación es la incógnita de si soy la misma persona que ayer, si seré igual en la tarde como en la mañana.

Buenos días desde el color pálido de las mañanas, allí donde habitan las ilusiones por el día que está por empezar.

Tuve sueños de segundas, terceras y cuartas oportunidades; de vivir una y otra vez alterando las circunstancias, a veces con recuerdos de lo que se fue, de dónde se viene. Soñé también con gritos perdidos, de recuperar recuerdos, de abrazar una infancia arrebatada por arrogancia. Dormida, vi que las llamas llegaban hasta casa y, paradójicamente, debíamos encerrarnos aunque a nuestro alrededor todo estuviera destruido. 

Junio - Cambios y abandono

viernes, julio 02, 2021

 

(Enlace a la lista de Spotify aquí)

Buenos días desde un nuevo mes, una ilusión de nuevo inicio que se escurre con cada segundo. Ojalá acompañar a los pájaros que sobrevuelan la terraza con una lectura en lugar de estar ante la pantalla, rellenando drives.

Buenos días desde el resurgimiento, dejando atrás una semana en la que el parón fue casi absoluto. Me recupero en silencio, recojo mis energías, y proyecto ilusiones de nuevo. El té, la mañana fresca, el canto de los pájaros: la rutina que cura.

Buenos días desde la falta de espera. Quizá es exceso de presente, que se come la ilusión por el mañana; quizá es la desconexión con una rutina que nunca ha sido mía. Aprender a vivir en calma, qué tarea más complicada.

Buenos días desde el blanco: blanco el cielo encapotado; blanca la nube de leche que serpentea dentro del té negro; blanca la pantalla y la hoja en blanco. Todo son lienzos.

Buenos días desde un lunes donde un ave desconocida canta en la terraza. Como ella, yo también proclamo en mi interior una oda: a mí, al día, al despertar.

Hoy estoy como el tiempo: ajetreada, indecisa, lluviosa. No me decido si soy nube, si soy viento, si soy un escueto rayo de sol a medio día que se lo traga la tormenta venidera. Quizá necesito dormir, o descansar, o parar. Quizá debo dejar de pensar.


Llevo días sintiéndome extraña, ajena. Ha sido un poco volver a lo que era, a lo que estoy dejando atrás. Me explico: una desidia, una falta de interés, de ganas, de motivación. Podría hacer mil cosas en mi tiempo libre y acabo sin decidirme, porque no hay nada que me llene de esa energía y deseo para, al fin, moverme hacia la acción. Entre pensamiento y acto hay una grieta, y no consigo cerrar esa incisión, ni siquiera entender por qué, después de tanto tiempo de mejora, ha sucedido. Es como bullir con una intensidad inhóspita, que desbarata el eje central. Crecer rompiendo lo que fuimos, una manera de evolucionar.

Tengo teorías, como siempre: cansancio, calor. También a un nivel más profundo: encontrar en lo que antes era extraordinario algo rutinario. Tener tiempo para mí era un lujo y ahora es costumbre, quizá por eso ha perdido su esencia de novedad y me hallo con cierto estancamiento al respecto. Quizá ahora sé descansar pero no sé balancearlo con el ocio. Mi suposición final es que el encierro por fin hace mella en mí, que no hay novedad ni perspectivas, no espero nada, vivo aquí y ahora. Un exceso de presente cuando antes solo podía contemplar el futuro. 

Durante unas semanas caigo en un silencio: no estoy vacía, pero de repente me he quedado sin palabras —o sin manera de sacarlas, de vocalizar. A veces hay sin haber, se existe sin testigos. Me mantengo así, en la introspección, y descubro cosas que pasan a mi espalda: cosas buenas, cosas malas, cosas que se ignoran. Saber da perspectiva, quizá de ahí venga la fortaleza que nace cuando se necesita.

Hay una tristeza que me abraza de noche cuando recuerdo que algún día moriré y no me dará tiempo a leer mis pendientes al completo, a escribir todas las historias que deseo, ni a bailar cada una de mis canciones favoritas. Quiero absorberlo todo, pero es imposible. 

Uno de los profesores de la aplicación con la que he vuelto a bailar (Steezy) hablaba de que se programa los ensayos, porque les es muy fácil pasarse el día viendo películas o con videojuegos; decía: «no podemos controlar qué nos inspira, pero sí hacer tiempo para inspirarnos», así que reniego del tiempo libre en estado pasivo y me propongo empezar de nuevo con mis aficiones, planeando espacios para ellas. Recupero el gusto por los juegos de mesa, por hilar historias y tejerlas, por los trazos que nacen en la mano y acaban en el papel.

La historia en la que trabajo ahora (cuya playlist está aquí: Nevet) está cerca del final, y con pánico, siento que será la última vez que conseguiré acabar algo que me parezca digno. Es una sombra al acecho de que nunca más podré escribir. Pienso que, a veces, la trama es secundaria, lo que importa es mirar al abismo y que el abismo te devuelva la mirada... ¿podré mirarlo de nuevo una vez ponga el punto final?

Rememoro el tiempo que llevo creando en redes y me sorprende qué, con el poco apoyo y el nulo feedback que recibía, como he aguantado tanto sin rendirme. No es que ahora esté boyante, pero es más fácil seguir luchando cuando te sientes bien contigo misma y te rodeas de personas que, aunque sea en silencio, te apoyan. Pero sí, qué fácil es rendirse cuando sacas de ti algo y parece quedarse en el vacío, en la nada. Cómo cuesta echar a volar si no sabes si el viento estará de tu favor. La clave de ahora, supongo, es que me estoy liberando de ese estrés, esa exigencia, y me centro en disfrutar el proceso. A veces fantaseo con que tengo cierta relevancia en ese aspecto, y entonces dos tierras se pelean por mi identidad hasta que aparece la tercera y dice: "ésta es nuestra nieta que no pudo estar con nosotros, déjanos arroparte".  Al final las tres se entienden y vivo cuidada por sus esencias.

Sigo abandonando pieles antiguas: mudas pesadas con las que llevo cargan años y años. Me lanzo a todo lo que venga, dándome el tiempo para abrazar el cambio con todo lo que eso implica (renuncias, esfuerzo, decepciones, éxitos, fracasos). No quiero apretar más una soga al cuello para mantenerme a raya: no decir demasiado, no mostrar, no existir a penas, no ir por ese camino. Se me ha abierto un enorme abanico de posibilidades y siento que me he quitado un peso de encima. No cabe duda de que los mayores límites son los autoimpuestos. 

No necesito muestras divinas: yo soy mi propia señal.

La lectura es amiga del calor, y en junio y el verano que trae consigo apuesto por lecturas cortas, llenas de sentimiento. Me cuesta plasmar mis reflexiones, pero poco a poco recupero el hábito. Siempre tengo algo que decir, algo que opinar, ¿defecto o bendición?


«(...) que la vida era expansiva siempre, y que, en su necesidad de seguir expandiéndose, rompía los sucesivos recipientes en los que tratabas de contenerla».

 




   «Has de saber que el cor ha de ser molt gran perquè hi càpiga tot el que ens agrada».

 



En el cine y la ficción también hallo la paz, esa que me elude este mes cuando me he encontrado perdida en mí misma. Cómo pretender que las historias sean secundarias en nuestra vida cuando siempre están ahí para darnos un respiro.

Mad Max: Fury Road (2015)
Alias Grace (2017)
Bikram (2019)
Cloud Atlas (2012)
Seaspiracy (2021)
Ya no estoy aquí (2019)
Luca (2021)
Adam (2019)

Mayo - Cinemática cotidianidad

viernes, junio 04, 2021


(Enlace a la lista de Spotify aquí)

Buenos días desde un nuevo mes en el que el sol brilla en un cielo con apenas nubes. La rutina es más dulce con una infusión, el sol iluminando la montaña y los geranios floreciendo. 

Buenos días desde un paisaje donde no hay rastro de lluvia. El sol incide en la terraza, y el cielo es de un azul tan puro que se clava. Ventanas abiertas, manga corta, y la melena despeinada y ondulada. 

Buenos días desde los restos de la tormenta: los charcos, el aire húmedo, el frío en el ambiente, las gotas de lluvia aún sobre pétalos y hojas. De mi tormenta personal también quedan evidencias: dar vueltas en la cama, un leve pico de ansiedad, un pensamiento intrusivo. 

Buenos días desde el final de semana, o el principio según se mire. Una marca que indica unos días donde aprovechar la vida desde el despertar. 

Buenos días desde el resurgir: una semana más, una ventana a todo lo que vendrá. Las mañanas son más cálidas, y en su regazo me detengo a respirar antes de iniciar el movimiento. 

Buenos días desde el pequeño placer de cada mañana: elegir taza, elegir infusión, elegir la música que acompaña. 

Buenos días desde la llovizna que salpica una rutina que sabe a cálida infusión reconfortante. Cuando todo parece caer por un instante, recuperar lo habitual es un abrazo. 

Buenos días desde un día donde los pies descalzos marcan el camino. Hombros desnudos y brazos como espigas que se extienden al cielo: estirarse, estallar desde dentro. 

Buenos días desde lo que se antoja una mañana fresca de verano. Hay tranquilidad externa aunque a veces la desazón de no llegar, de que los sueños se queden en humo, pesa en el interior. Un interior revuelto, que no se ve, pero que oprime. 

Domingo, 19:53. Las nubes cubren el horizonte. Dejo que el frescor entre por la ventana. El viento se arremolina con el incienso y me da un escalofrío, aún llevo el pelo húmedo de la ducha. Me siento ante la pantalla en este ambiente para crear, aunque sea por un instante.

El mantra del mes pasado sigue vigente: aspiro a hacer de lo cotidiano algo cinemático. Busco no escapar de los elementos diarios, taparlos, ocularlos, porque es en su narración donde se halla la verdad. Ya lo dice Stephen King en «Mientras escribo», que hay que hablar sobre la verdad, ser sinceros. Adoro la cotidianidad, pero rehúyo a menudo de compartirla, como si fuera grotesca su banalidad, o quizá una rotura a la propia intimidad. Me intento alejar de esa sensación preconcebida, y hallar al plasmar la rutina la misma placidez con la que la vivo.

En la pausa del café, salgo a desayunar a la terraza mientras los pájaros anuncian la primavera y el cielo parece deslumbrar con una pátina de vibrante azul. Me tomo mis veinte minutos para respirar el aire que trae la montaña antes de volver al ordenador y teclear el resto de horas hasta que acabe la jornada, inhalando la fuerza de la vida que hay más allá del paisaje. La taza es vieja y no me gusta su mensaje de edulcorado optimismo, pero su tamaño es ideal para la bebida matinal. El plato está mellado en una esquina pero aún no se rompe. El pan se me ha quemado por un lado y el queso derretido se ha escurrido. El suelo tiene pétalos secos y hojas muertas que no he barrido, y la mesa tiene una fina capa de polen y polvo. Pero sigue siendo un bello momento del día, un paréntesis en la mañana de imperfecta belleza a la que me aferro cada jornada.

Siempre es un buen día para recordar que tener un trabajo que financie tus sueños no te hace menos que alguien que se puede permitir formarse o crear a tiempo completo. Compaginar la jornada y las tareas del hogar con una vida creativa o proyectos personales es complicado, requiere perseverancia y muchos malabares para conseguir tener un hueco donde dejarnos llevar, dejarnos ser. 

Hay días que comienzo agotada por una energía interna excesiva, me desbordo y disperso, no puedo concentrarme, y el alud de pensamientos me tiene frita. En días así, o cuando el ánimo decae, ya no hay culpabilidad ni reproches, tampoco bucles. Me refugio en hábitos saludables: una siesta, fruta, un poco de ejercicio. Mejorar también es que lo malo sea menos malo.

Ahora que empiezo a recuperarme después de arrastrar agotamiento durante años (superado únicamente a base de inercia y cabezonería) disfruto del descanso y, al mismo tiempo, las ganas de locas de hacer mil cosas. Es una sensación casi desconocida, y no sé cómo gestionarlo. Por un lado quiero disfrutar de mis tardes libres, teniendo en cuenta que seguramente tras el verano se acabe el teletrabajo. Por otra parte, y por la misma razón, quiero aprovechar al estar en casa para hacer cosas pendientes y/o avanzar proyectos. Son dos energías totalmente opuestas: las ganas de descansar y el ocio pasivo (leer, ver una película), versus las ganas de crear.

Últimamente todo son cambios, y ante la duda me digo: «llevo toda la vida haciendo esto de la misma forma, ¿me ha servido de algo?», si la respuesta es negativa, hago un giro de 180 grados y me lanzo a la incomodidad. Vivir oculta incluso de mí misma no me ha llevado a ningún puerto, solo a un silencio que engulle y no libera. Todo empieza un poco así: lanzas una piedrita al río, luego otra, y otra. Llegará un punto que éstas sobresaldrán de la superficie y podrán incluso aguantar tu peso.

Seguiré con mis verdades y mi esencia incómoda, porque existir en la distancia es lo mío. La culpa es mía por querer ignorarlo y acercarme demasiado a donde no hay bienvenidas cálidas.

Me atrevo a hablar un poco de las cargas, de la intimidad que se oculta tras los pliegues de piel y párpados, de estar contenida. No es fácil explicar una sensación, mucho menos algo que arrastro desde hace años y a penas soy consciente de ello. 


Portada del libro "Mientras escribo", de Stephen King. Aparece el autor en la portada, con los brazos cruzados sobre el pecho y las palmas sobre el hombro contrario, en tono monocromático.
«Ha habido momentos de mi vida en que escribir ha sido un pequeño acto de fe, como escupirle la cara a la desesperación. (…) Escribir no es la vida, pero yo creo que puede ser una manera de volver a la vida.»

 


Sigo avanzando lecturas, juegos, (¡incluso me inicio en los juegos de mesa!) y demás, intentando encontrar un balance donde ocio y vida creativa vayan de la mano. Dejo mis recomendaciones de este mes:

El Señor de los Anillos: Las Dos Torres (2002)

El Señor de los Anillos: El retorno del rey (2003)

Nomadland (2020)

Akelarre (2020)

La boda de Rosa (2020)

La jungla de cristal (1988)

Abril - Contenida y desbordada

lunes, mayo 10, 2021

Foto de cabecera, vista del Laberinto de Horta, en Barcelona. Cielo azul despejado, los árboles se recortan contra él. En el centro, una estatua blanca se rodea por las paredes del laberinto. En el centro se lee el título de la entrada: "Abril, contenida y desbordada".

(Lista de Spotify aquí)

Aspiro a hacer de lo cotidiano algo cinemático.

Bajo la ventana ahora florecen geranios, recordándome con sus pétalos rojizos que, tarde o temprano, uno acaba brotando. Como ellos, yo también broto y crezco con nuevas raíces, pero salvo antiguos colores que una vez fueron parte de mí y ahora resurgen con fuerzas. Abrazo parte de lo que fui mientras, levemente, dejo irse aquello con lo que no deseo cargar más. 

Recupero una reiteración a la que me anclé hace años, como práctica literaria y de observación a mi contexto. Escribo durante el mes: 

Buenos días en este martes de té negro y bufanda amarilla anudada al cuello. Mañanas de niebla y un velo de cansancio sobre la cabeza que apaga los sentidos. Este lunes es de té blanco, sudaderas anchas, leve niebla sobre el horizonte y un sol tímido que empieza a asomar. Buenos días desde el cansancio que cuelga de cada pestaña. Buenos días desde una mañana brumosa, húmeda, lluviosa. Buenos días desde el jersey rojo tejido, la punta de los dedos fríos; desde un día que podría haber sido denso, con su propia gravedad que ancle la memoria a la ocasión, pero en lugar de eso se queda en una levedad rutinaria que hay que saber abrazar igualmente. Buenos días desde un viernes de abril de ventanas empañadas, cielos despejados, y la certeza de que el camino hay que seguirlo transitando —sin prisa, pero sin pausa. Buenos días desde un martes despejado, donde las montañas se recortan contra las nubes bajas.  Buenos días desde el contraste: fuera el agua cae en una lluvia fina y dispersa; dentro, hierve para hacer una infusión; en la taza, el vapor asciende. Buenos días desde una mañana en la que anida una promesa, un plan de futuro. La semilla de una ilusión que podría brotar, aunque es demasiado pronto para dejarla germinar. Buenos días desde la lluvia, la niebla, y la montaña que desaparece bajo las nubes bajas, ¿acaso yo tampoco existo desde esa perspectiva? Hay lluvia en el horizonte, se intercala con el frío y el calor extremos, como montaña rusa termostática. El ambiente hace que la languidez atenace e invite a volver a las mantas, a refugiarse en un cómodo silencio.  Las ventanas están cerradas pero tengo la certeza de que fuera los pájaros cantan. Una metáfora de la vida digital: apenas se me oye, pero estoy más viva que nunca.

La astenia primaveral y el cambio horario me golpean más fuerte que nunca, con un cansancio al que ya me había des-acostumbrado. La jalea real y el café de las mañanas, aún en su variedad caliente, se convierten en los mejores aliados para conseguir que el motor siga en funcionamiento. 

El perfeccionismo es una manera lenta y persistente de caer en la desesperación: la crisis existencial del momento me incita a querer dedicar tiempo a mis proyectos para que mi vida esté más llena de ellos, pero también deseo el descanso improductivo, lánguido, donde el reposo es casi absoluto. Cuidarse implica, a menudo, detenerse por completo. Hay días en los que siento que me desbordo, que no quepo, que se me escapa la energía porque hay demasiada. Hay un runrún interior constante que no se gestionar porque aún no aprendo a canalizar el exceso. Oscilo entre estar contenida y desbordarme, dos extremos opuestos en los que me balanceo. A veces siento que la vida es una constante caída y depende de nosotros encontrar la manera de convertir el vértigo en emoción.

Tras una mañana regodeándome en mi desánimo me repetí lo que decía mi madre cuando era pequeña: "ya estuvo suave". Empujé la primera ficha de dominó y estoy en ese segundo previo a que toque a la siguiente y todo empiece moverse; un colapso orquestado en el que puede pasar cualquier cosa. Llamé a la puerta de la tormenta porque no queda otra que lanzarme a sus fauces. Mimándome en cada detalle para coger fuerzas para lo que viene. Tratamiento antes de la herida como cura preventiva. Y la puerta se abrió, y salí, y respiré, y me enfrenté al vendaval que, por mi propia fortaleza recién estrenada, fue mucho más leve de lo que temía. Qué fácil es aguantar el chaparrón cuando tienes dos fuertes piernas que cimentan tu existencia. La armadura, más que aislarme, ahora me cuida. 

Me dicen: debes dejarlo todo atrás y renacer, y contesto: así lo he hecho. Las capas siguen ahí, pero ahora es más fácil deshacerme de las que me entorpecen, las incómodas, o las que solo sirven para frenar. Serpiente que se desprende de su piel, crisálida que se abre, las metáforas son infinitas para definir un cambio así. Cuánto he tenido que pasar para darme cuenta que la felicidad no es la montaña por escalar, es el bailoteo tonto con mi persona favorita mientras la comida se termina de hacer.

A veces me obligo a escribir, a crear, porque si voy a sentirme como una impostora sin talento al menos tener algo tangible como evidencia y así, al mismo tiempo, hago un jaque mate al bloqueo creativo. Me presenté a dos certámenes cuya sola participación es la verdadera victoria (especialmente cuando en las lecturas ganadoras se adivina algo tan terrible como errores de lógica, puntuación y sintaxis). Me lo recuerdo a mí y a quien me lea: no ganar no equivale a no ser válida, el trabajo tras la obra y el valor de presentarlo es el triunfo final.

Me complico la existencia con cualquier nimiedad, como borrando correos antiguos porque he leído que eso ayuda a minimizar la contaminación. Debato (interna y externamente), sobre el contraste entre quienes se ponen medallas por hacer lo mínimo, y quienes ni en la tarea más ardua son capaces de valorar su esfuerzo.

Para conmemorar Sant Jordi/El Día del Libro, rescato un relato de archivos olvidados para conmemorar, a mi escueta manera, la ocasión. Si no habéis leído El café frío es de mal agüero, aún estáis a tiempo. También es buen momento para recordar que escribí (de manera no tan breve) sobre The Last Of Us II, un juego de 2020 que llevaba esperando desde que jugué la primera parte, por 2013 después de acabar los exámenes semestrales.


Portada de "El Silencio es un pez de colores", de Annabel Pitcher.
«Soy Plutón, pero ahora mismo no quiero serlo y por eso lloro en la inmensidad del espacio, en busca de una explicación, de una conexión, de vida.»



Portada del libro "Tránsito", de Rachel Cusk
«La soledad, continuó, aparece cuando nada se te aferra, cuando nada florece a tu alrededor, cuando empiezas a pensar que tu presencia basta para matar las cosas..»

Destaco también el relato Por encima de mi cadáver, de Irene Morales, que pude disfrutar en Lektu. También el manga de Ataque a los Titanes que he comenzado, y el videojuego Tales of Berseria (que arrastraré hasta mayo), aunque la mayor joya de videojuegos fue el jugar a It Takes Two (Hazelight Studios, 2021), un cooperativo sorprendente que se merece todos los premios que está ganando. Para quien busque alguna recomendación en cuanto a cine, entre lo que más me ha gustado y sorprendido se destaca:
El Señor de los Anillos: La Comunidad del anillo (2001).
Vicious Fun (2020)
El tiempo contigo (2019)
12 monos (1995)
A silent voice (2016)
Extremis (2016)
Mujeres pequeñas y grandes (2020)

Marzo - Movimiento

martes, abril 06, 2021

 

(Lista de Spotify aquí)

Las mañanas siguen la misma tónica: té negro, té blanco, té verde; infusiones para aterrizar del sueño, centrarse en el eje de la realidad y empezar la jornada. Al té negro le echo un chorrito de leche y nace una nube blanca entre el líquido oscuro. 

Febrero - Caminos y rutas

sábado, marzo 06, 2021

(Lista de Spotify aquí)

He visto amanecer, la montaña delante de casa con el pico rojo, como reflejando un incendio. Desde la terraza el aire se nota menos gélido, pero por la mañana sigue soplando con frialdad y colándose dentro de la ropa. Entro a casa para calentarme, y al cuarto de hora el pico inflamado ha dejado paso a la mañana azulada, brumosa. El desierto cubre las ventanas con una fina capa de polvo rojizo; restriego la arena entre los dedos y siento que es acariciar las dunas de otro continente. 

Empiezo los días con té: verde de jazmín y vainilla, blanco con naranja, o si la noche ha sido complicada, negro trufado con un chorrito de leche. Las bufandas que usaba para salir a la calle son mi rebozo matinal, y siento mi alma antigua encontrarse en un sitio plácido. Abrazo la pausa del descanso impuesto. El cuerpo reniega y renuncia a seguir. Callo y acepto este impasse: no es derrota, es recarga. 

La ficción es refugio y recarga, un bello oiasis de paz donde antes a penas podía imbuirme. Leo un libro sin perder interés (la última entrega de la tetralogía de Carlos Ruiz Zafón: El Laberinto de los Espíritus. Apuesto por clásicos y veo Psicosis (1960) y Vértigo (1958), de Hitchcock. En ciencia ficción me decanto por Tenet (2020) y Barrenderos Espaciales (2021). También veo (por fin), Las Horas (2002) y Lucky Grandma (2019). Recuerdos del Ayer (1991) es una de las joyas se me clavan con profundidad. También empiezo a jugar Control (2019), de Remedy. 

Me doy cuenta de que no siempre protagonizo mis sueños (algo que yo creía era la norma: vivirlos en primera persona), que a veces soy el ente pasivo que actúa de cámara y se desliza de una escena a otra, generando distintos puntos de vista que dotan de más emoción a la historia. En una ocasión, soñé con una historia de amor dulce, de compañía entre dos personas que se amaban pero no tenían el mismo proyecto vital. Otra noche, me despido del pasado: acaricio paredes que ya no existen, miro un paisaje que se ha perdido tras una ventana olvidada; el adiós más profundo.

A veces el destino habla, y encuentro un impasse en el camino pensado o el empujón que necesitaba para apostar por mí de una vez por todas. Me debato sobre quién soy, a dónde quiero ir, qué camino debo seguir, qué deseo realmente, sin escuchar las voces que me dicen que no hay que abandonar lo empezado, o que es lo que se espera de mí, o que al renunciar pierdo esta carrera ilusoria en la que me encuentro luchando contra fantasmas. Qué hago gastando mi tiempo en solventar traspiés, llenar de parches el pasado, cuando podría optar por hacer crecer mi voz. Doy un paso atrás, que en realidad es hacia delante. El camino ignorado es, muchas veces el que conduce a donde nacen los latidos.

Pierdo la noción del tiempo cuando estoy entretenida: al leer, al jugar, al escribir. Todo antes era tedio y ahora se comienza a convertir, poco a poco, en el disfrute que marca el tono de los días. Lo que antes costaba, ahora pesa un poco menos, y me encuentro más liviana. Empiezo a integrar en mi día a día pequeñas cosas que me llenan: escribir veinte minutos, terminar algo que llevaba tiempo posponiendo, leer antes de dormir. A veces no hallo el tiempo, o no consigo vislumbrar la elección de crear ante las infinitas posibilidades del día, en otras ocasiones consigo rascar minutos antes de ducharme para, por ejemplo, escribir un poco y acabar el día con el alma un poquito más ligera.

Recupero una historia que escribí en 2013 para presentarla a un certamen literario. El primer concurso al que me presento, tanto para ver cómo se juzgan mis letras como para sentir que me muevo, que abro unas alas ateridas por el frío. Sólo haberme conseguido presentar sin tener una inercia que me conduzca a ella es una victoria en sí misma. 

Me preguntan que cuando me sentí cómoda con vivir aquí, y no atino a responder. ¿En qué momento el pueblo en el que vivo se convierte en mi pueblo? ¿Y en qué momento la ciudad en que nací dejó de ser mi ciudad?

Enero - Rasgaduras en el lienzo

miércoles, febrero 03, 2021

(Lista de Spotify aquí)

El año que comienza es un lienzo en blanco. Es una metáfora absurda y sin fundamento, pero sensorialmente lo veo extendido como una sábana recién lavada, secada al sol, y puesta sobre la cama, estirada hasta que no quede ni rastro de sus arrugas. Paso la mano una y otra vez para intentar que el desgaste del año pasado quede solo en una sombra casi imperceptible. Rituales mentales de visualización para dar sentido a lo que carece de él.

Cronograma de diciembre - Pausa cíclica

jueves, diciembre 31, 2020

Termino las lecturas pendientes, porque estas se han arrastrado de un mes a otro, lánguidas pero certeras. Finalizo sus letras ahora que he terminado casi el semestre, ahora que el reloj vuelve a estar en mis manos. Veo documentales, como El Silencio de Otros (2018), Los secretos de la tumba de Saqqara (2020), e incluso un reportaje sobre el transbordador Challenger (2020). Veo Estoy pensando en dejarlo y me encanta y me abruma y me desespera, así que es un poco como cuando intento entender cualquier cosa. 

Cronograma de noviembre - El segundo confinamiento

domingo, diciembre 06, 2020

Empecé a leer a Clarice Lispector, y siempre encuentro en sus letras maestría, metáforas, sensaciones y confusión. Volví también a Angelika Schrobsdorff, a quien conocí el año pasado cuando estuve convaleciente, su lectura un bálsamo entonces y ahora. Jugué de nuevo a Alan Wake y me maravilla aún la historia, sus sutilezas y música. Este mes fue el de Antidisturbios y The Mandalorian, pero también de documentales como Lo que el pulpo me enseñó y la Escalera al cielo: El arte de Cai Guo-Qiang

Lo que octubre se llevó

viernes, noviembre 06, 2020


Leo mucho, a mujeres, esas voces que son como la mía: Canto jo i la muntanya balla, de Irene Solà; Desencajada, de Margaryta Yakovenko, Qué hacer cuando en la pantalla aparece THE END, de Paula Bonet. Descubro A Sun, de Chung Mong-Hong, también Nosotros y ellos de René Liu, y Puzzle de Marc Turtletaub. 

El sol se pone a las 18:00, por las mañanas hace frío y saco las sudaderas del armario mientras tomo el hábito de usar la cafetera de metal en lugar de las cápsulas. El aire está enrarecido de un confinamiento próximo, pero mientras pueda sigo en casa y voy a bailar cada quince días, para que el movimiento se contagie a cada rincón de mi vida que, como la de todos, parece estar en una pausa neblinosa, confusa.