Thought Mantique: Pensamientos deshilados
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Lo que salvará (a mí y al mundo)

miércoles, abril 15, 2026


Una pareja me deja pasar delante suyo en la enorme cola del súper al ver que llevo solo una o tres cosas. Una amiga me envía un mensaje y me dice: «¿ha ido bien?», mientras otro me dice: «yo te ayudo». Alguien me hace un favor y me dice que no sufra por nada, que me centre en lo que toca. Mi marido me prepara de comer algo que me encanta después de un día difícil. La señora del pan me llama guapa y me sonríe, y la de la frutería ya sabe que cuando pido guisantes quiero una buena bolsa. Las recepcionistas me dan información extra y se aseguran que lo tenga todo. La veterinaria escucha todas mis preguntas y responde con paciencia. Mi abuela asegura que mi jazmín no está seco y que revivirá. Alguien me dice de la nada: «qué bien lo haces», y otra persona me escribe un comentario apreciando algo que he escrito. Un antiguo compañero se acuerda de mí y me escribe para saber cómo va todo, y otro responde tras semanas de silencio agradeciendo las palabras de apoyo en un momento complicado. Un vecino me aguanta la puerta, otra me espera en el ascensor, yo ayudo a una tercera a abrir su buzón. Yo me digo a mí misma: no pasa nada por caer, has sido valiente.

(para tener tanto miedo, haces muchas cosas, también me digo).

Quizá lo que salvará el mundo será, además del arte, la amabilidad.

El futuro que no llega

miércoles, abril 08, 2026


Vivo mucho en el futuro, o eso dicen de quienes padecemos ansiedad: exceso del mañana. Debería estar aquí, no en lo que no existe, o al menos no para una percepción lineal del tiempo. Aquí y ahora aquí y ahora aquí y ahora. Me lo digo mucho. Recuerdo que era el mensaje del Guerrero Pacífico, libro y película que leí y vi hace ya demasiados años para no tener en mente nada más allá de: «¿qué hora es? ahora». Pero la teoría es una cosa y la práctica es otra, y podré saberme toda la lógica detrás de no irme al mañana, pero lo automático y aprendido es difícil de cambiar. Lo intento, y seguiré intentándolo, pero es una guerra de desgaste que muchas veces pienso que acabará antes conmigo.

(¿cuántas cosas que me tenían sin dormir ya no existen?)

Llevo tiempo que a ese salto cuántico al futuro pendiente no le peleo como antes, quizá por eso mismo del desgaste o porque me gusta hacerme trampas a mí misma, como si con ingenio y picaresca pudiera derruir todas las barreras que me frenan. Me voy a ese mañana que me agobia, sí, y voy un día más allá y me intento quedar en ese doble futuro, allí donde el primero ya ha sucedido. Me digo: «mañana o pasado mañana a estas horas ya habrá pasado», o «en una semana esto será solo un recuerdo», o «vaya buena cena me daré ese día». 

Como la Luna con Artemis II (o Apolo 13), dejo que me arrastre la gravedad y me impulse más allá de lo que temo, a los confines de lo que podrá ser cuando ya haya pasado. 

(y, cuando realmente llegue, me diré: «¿ves? no fue para tanto») 

Cíclicamente renaciendo

lunes, marzo 23, 2026

En enero del año pasado hablaba del diario que perdí y reflexionaba muy brevemente sobre los espacios digitales que fueron hogar y, ahora, son más amenaza o punto de ventas que resguardo. La última vez que retomé un rincón como mi refugio fue hace un año, si no contamos a finales de diciembre cuando junté algunas reflexiones que resumieran 2025. ¿Será realmente que quiero subir el listón de mi propia exigencia (y aparecer dos veces por semana en las pantallas de los demás) o es que ha llegado ese momento del año en el que decido volver a construir un espacio de diario íntimo?

El verdadero año nuevo es la primavera: me reafirmo en ello. Los árboles junto a la biblioteca florecen con pequeños capullos rosados que llenan el suelo de pétalos diminutos, el campo de flores amarillas más allá del horizonte empieza a mudar el pálido verde del invierno, y por las tardes empieza a sonar la orquesta de aves que anuncian el resurgir. Yo estoy igual, a mí manera.

Leo lo que escribí el año pasado, y el año anterior, y el anterior, y más allá. Busco cómo sacar de mí ese tipo de textos, de reflexiones, si acaso habrá una pista escondida entre la foto y las palabras. ¿Cómo escribía tan fácil? ¿Lo sufría como ahora después de tantas cosas vividas y sobrevividas, tantos parones en mi propia experiencia creativa? ¿Qué persona era que ya no soy o dónde se esconde para que pueda ir a recuperarla?

A pie de página II - sobre 2025

domingo, diciembre 28, 2025



(enero)

Los espacios se dejan atrás pero no lo que te lleva a ellos o la persona en la que te convierten en el tránsito. Y yo sigo acostumbrada a divagar y a escribir, así que sin intenciones de volver, busco crear mis propios lugares de pausa (una prueba, una intención, como todo en esta vida).

/

Pero mi cuerpo advierte, se contrae, corta el aire, retuerce las entrañas, irrita la piel y hunde cualquier intención. Una guerra propia que no abandona las fronteras de la piel, se queda ahí a causar estragos donde debería dedicarse a la devoción.

(marzo)

Algo que no me esperaba es que los cambios conscientes, especialmente si implican una reestructuración del pensamiento automático y crear caminos nuevos por donde la voz interna aprenda a navegar, es tremendamente agotador. Terrible. Una lucha constante contra el peor enemigo: yo misma.

/

Pienso y pienso y pienso pero creo que, esta vez, es de la manera correcta (la que no acabará en mi autodestrucción).

/

Nunca me he visto en el futuro. En otras vidas, claro; otra linea temporal, siempre; un universo alternativo, a menudo. Pero, ¿en el mañana? Esa es la ventana más al alcance y a la que menos me asomo, quizá por miedo, por indiferencia, o por incapacidad de gestionar la incógnita (o las doscientas posibilidades que podrían ser).



(abril)

Devoro todo lo que puedo encontrar en un frenesí que busca algo: mi propia alegría en algún lado, mi paz, mi camino, las otras ramas por las que podría haber discurrido mi pasado hasta otro presente en el que no soy esta persona que no se quiere y no se valora.

/

Nunca me he hecho aquí, porque sigo intentando encajar en un puzzle sin espacio para mis aristas.

(junio)

¿Y si volviera? ¿Y si me escapara allí unos días y sintiera de nuevo los veranos de hace 15 y 20 años? Pero entonces vi en una charla a un hombre que hablaba de que a los espacios donde fuimos felices no podemos volver, porque no existe el contexto ni la persona que fui entonces. No sé si me consuela o me entristece que el pasado sea tan inalcanzable, que ni siquiera colocándome en el mismo eje espacial pudiera siquiera rasgar un pedacito de esa felicidad y traérmela hasta el ahora.

(julio)

Me decía todo el rato que para tener comunidad hay que vivir en la incomodidad, porque entre aromas que no son míos, texturas que no son familiares, o sabores ajenos, hay alguien que dice: ven, quédate, estás invitada. Y en esa incomodidad encontré el no pensar, y la mente se calló, y ya no había preocupaciones, ni estrés, ni ansiedad; de repente todo era silencio en mí.

/

La mente busca y rebusca qué está mal, qué no encaja. Con el piar de los pájaros y el recuerdo del fin de semana en calma en la montaña le digo: buscas estar mal, deja de preguntar, deja de querer saber; si hurgas en la herida, tarde o temprano hallarás sangre.

/

(agosto)

Que hablen de ti te vuelve corpórea.
Ahora existes.


(septiembre)

Estoy de malas (para variar).

/

El duelo por el cuerpo y la energía que tenía hace años, por recuperar una pasión identitaria, y por reclamar de nuevo espacios donde sentirme segura para existir en el arte es otro tema que viene al caso pero tampoco tanto.

/

Pero se me antoja que es ese resquemor extremo que me tiene quemada desde hace meses y que, por más agua que eche por la superficie, en lo más hondo de mí siguen quedando rescoldos y briznas humeantes.

(octubre)

Las mañanas de verano son brutales pero fáciles, alegres en su salvajez. El otoño es suave y disperso, duro de enfrentar.

/

Hoy no hay ni una pincelada nubosa en el cielo, pero en mi interior no hay espacio entre tanta tormenta. A veces la mente despierta así, fatigosa, recordando en bucle todo lo que hace daño e intentando que las heridas sangren una vez más.

(noviembre)

Buenos días desde la llovizna salpicando una rutina que sabe a cálida infusión reconfortante. Cuando todo parece caer por un instante, recuperar lo habitual es un abrazo.

/

Todo podría derrumbarse, todo podría florecer. En un mes todo habrá cambiado y, quizá, es justo lo que necesitaba.

/
Todo está tranquilo tras sentir que me lanzo al vacío. Ahora lo abrazo, porque significa que abrazo la paz, y eso es lo que pedí aprender este año.

(diciembre)

Supongo que ese es otro aprendizaje de esta época: que la chispa no se me apague, suceda lo que suceda.


Y pienso y pienso y pienso

miércoles, marzo 26, 2025

Una libreta abierta con una hoja pintada de verdes y otra de azules. Al lado, las pinturas y delante la paleta junto a los pinceles.

Un monólogo a dos, cuatro, ocho, cien voces que no sabe de silencios. Una mente como tren desbocado. Un runrún de hice no hice dije no dije debo no debo hago no hago. Y lo que podría pasar, las mil ramificaciones de un acto y sus cientos de ramificaciones.

Llega la tarde y estoy agotada, normal.

Algo que no me esperaba es que los cambios conscientes, especialmente si implican una reestructuración del pensamiento automático y crear caminos nuevos por donde la voz interna aprenda a navegar, es tremendamente agotador. Terrible. Una lucha constante contra el peor enemigo: yo misma.

Pienso y pienso y pienso pero creo que, esta vez, es de la manera correcta (la que no acabará en mi autodestrucción).

Las otras vidas — los otros lugares

sábado, marzo 15, 2025

Las flores rosadas que florecen en una suculenta.

Nunca me he visto en el futuro. En otras vidas, claro; otra linea temporal, siempre; un universo alternativo, a menudo. Pero, ¿en el mañana? Esa es la ventana más al alcance y a la que menos me asomo, quizá por miedo, por indiferencia, o por incapacidad de gestionar la incógnita (o las doscientas posibilidades que podrían ser).

Las líneas que trazan mi cotidianidad — los caminos, las rutas, lo rutinario — de repente son más rígidas que nunca, trazando un cerco que antes creía la absoluta comodidad y, al asomarme a esa ventana del mañana, descubro como soledad.

Yo, que siempre he ido detrás de alguien, siguiendo un camino ya trazado, de repente descubro las rutas que puedo tomar por mi cuenta. Un paso, luego otro, y así podría habitar donde realmente quiero, no donde se espera que esté.

¿Qué hago aquí? Me pregunto de repente, y descubro tras el velo de la rutina que todas las señales me dicen: aquí no te queda nada, y todo a lo que buscas aferrarte está allá.

¿Y si me voy?

Aceptación radical

viernes, febrero 21, 2025


Todo empezó en lo que llamo afablemente mi "periódico de confianza" y un video que hablaba sobre hacer las cosas a pesar de que no gusten, duelan o sean difíciles. Y aunque 5-10 segundos sean reduccionistas del tema, en los comentarios encontré más ejemplos sobre el tema que se intuía en el video: la aceptación radical (radical acceptance).

No se trata de empujar el cuerpo hacia el sufrimiento, sino que, a pesar de ello, hacer lo que queremos. Es decir, si yo me limito porque hay algo que me va a costar, independientemente de mi límite, debo hacerlo. Si va a doler, si me va a costar, si igualmente tengo que pasar por esto, entonces seguiré haciendo lo que quiero, esa es la premisa. El video resumía: si la depresión me hace sufrir, pues saldré igualmente, aunque duela (porque lo pasaré mal en la cama y fuera de ella, así que mejor hacer lo que me plazca).

Mi primer cambio aplicado siguiendo esta idea fue cuando, tras meses, podía ver a unos amigos si me animaba a hacer plan en domingo, algo que siempre he detestado con toda mi alma. Para mí, es un día de mucho bloqueo, de preparación a la semana, o simplemente de esa tristeza intrínseca (y a veces no tanto) que nace con la perspectiva de volver a la rutina. Y pensé: si el lunes va a llegar igualmente, ¿qué más da si hago planes este día? Así que el domingo fui a comer, a pasear, a tomar un buen café, y luego al cine a ver Nosferatu. 

Como persona de muchos bloqueos y frenos, la mayoría autoimpuestos, la aceptación radical se me antoja un antídoto, un bálsamo que suavice las aristas de la existencia. Soy cauta: a veces el parón debe hacerse por salud, pero cuando no es así, esta nueva filosofía que estoy adoptando me ayuda a desprenderme de mis propias limitaciones. 

Como dijo Saru en Star Trek Discovery (T4):  "He descubierto que los límites que me impongo no me protegen realmente, sino que en realidad apagaban el brillo de mis días" ("I have come to believe the limits that I place upon myself do not protect me so much as dull the brightness of my days.") 

Sólo es eso

lunes, enero 13, 2025

Los gatos duermen, hacen lo que me gusta llamar un nido de calor. Sobre mantas o junto al radiador, se esconden del frío que atraviesa paredes y ventanas y duermen, se estiran, aprovechan incluso el sol. Admiro la paz intrínseca de los animales.

Mientras descansan, parece que mi vida peligra, pero solo es un mail, una reunión, una entrega, una llamada, una cita médica, un extraño en casa que tiene que arreglar algo, un “no” que temo pronunciar, un problema que aún no resuelvo, un recado, un futuro incierto que seguramente no llegue.

Sólo es eso.

Pero mi cuerpo advierte, se contrae, corta el aire, retuerce las entrañas, irrita la piel y hunde cualquier intención. Una guerra propia que no abandona las fronteras de la piel, se queda ahí a causar estragos donde debería dedicarse a la devoción.

El cuerpo pide reposo, horizontalidad y mantas, desperdiciar el tiempo entre golosinas y pantallas. Demanda un confort inmediato que esconde una huída. Pero esta vez no le escucho, dejo que sus quejas y demandas se derritan con la mantequilla sobre el pan de centeno que meriendo. Destiendo las sábanas secas (y heladas), hago la cama, guardo el guiso hecho en la mañana en la nevera. Hago y hago y hago, todo lo contrario a lo que me exige el cuerpo y la mente.

Entonces salgo a la tarde oscura del invierno, al frío en la piel, al aire cortante que baja de la montaña. Estoy leyendo «Elogio del caminar» de Shane O’Mara así que pienso a menudo en este acto, esta manera de curarme. Traslado y sanación.

Cada pisada es un gramo de estrés que dejo en la calle.

El diario que perdí

lunes, enero 06, 2025

Un ramillete se quema sobre tiras de maderera.

El día de fin de año quemé el ramillete que ocupó una esquina de mi puerta durante 2024.

Hablaba de mí. No cómo un ego volátil que salta entre el soy y el tengo, sino como una presencia silenciosa que salta entre los días intentando definir el intenso caos que le habita.

Y leía a otras tantas presencias como yo. Veía a través de sus ojos, asimilaba sus preguntas y me fascinaban sus respuestas. Era su público y respondía con mi propia apreciación, recibiendo una contestación similar.

Así era mi paso por una red social que fue hogar de cavilaciones hasta que fue insostenible seguir ahí. Ya no era un rinconcito cómodo, era una calle abarrotada de publicidad y de gritos y de tengo tengo tengo y falta falta falta (y, que en realidad, esconden siempre un compra compra compra).

Y cuando mi zona de confort se volvió incómoda, la abandoné.

Me vi sin mi pequeño diario personal de reflexión y intensidad.

Los espacios se dejan atrás pero no lo que te lleva a ellos o la persona en la que te convierten en el tránsito. Y yo sigo acostumbrada a divagar y a escribir, así que sin intenciones de volver, busco crear mis propios lugares de pausa (una prueba, una intención, como todo en esta vida). Así que heme aquí, probando otras maneras de ordenar el día a día, de afinarlo, de darle peso y densidad.

Hola.

Existencia frustrada

lunes, noviembre 25, 2024

Escribo a menudo pero no soy escritora; juego a videojuegos pero no soy gamer; moldeo cerámica o arcilla pero no soy artesana; pinto o dibujo pero no soy artista; bailo pero no soy bailarina... Siempre impostora, siempre haciendo pero nunca siendo. ¿En qué momento te define lo que haces?

(seguramente es cuestión de confianza propia)

¿La etiqueta la pone el proceso, el resultado o cobrar por ello? Si no hay una transacción económica o una dedicación completa, ¿podemos afirmar que somos o nos tenemos que quedar en la aspiración, el anhelo? En una reflexión sobre la frustración (y donde hay un gran reflejo de mí misma bajo las capas del "nosotros" y el "porqué") empezaba hablando de que la publicación prácticamente inalcanzable para la mayoría es lo que frena en definirnos. Sin el nombre en exhibición es como si no existiera la persona creadora detrás, ¿no? De ahí, desgranando mi propio hilo de pensamiento, discurro hacia el cauce de la conexión: si no se percibe por otros, no existe y, por tanto, la propia existencia tampoco es. 

Disfrutar del camino es una asignatura pendiente en la sociedad: miramos el destino, el tiempo que nos queda, las tareas que faltan, pero se nos olvida el momento, lo que sucede en el tránsito y que, sin ello, no habría ni el principio ni el final. 

(¿a dónde voy? No lo sé, estoy en el camino, estoy escribiendo esto recuperando chispas («espurnes», en catalán, de mis palabras favoritas) y hojarasca para un hoguera reflexiva, un algo contundente y certero que se la respuesta que busco)

¿Tu gusto supera con creces tu habilidad? Ahí también nace la frustración y el no-ser. Porque, ¿cómo vas a ser algo si no puedes apreciarlo? No serás escritor o escritora, solo alguien que junta letras, que cuenta historias, que habla de un sentimiento y lo construye entre rimas. No puedes ser bailarín o bailarina si siempre eres estudiante y casi nunca pisas un escenario. 

Quizá entre ese querer ser y no ser, lo que antes era un amateur ahora es frustración. No hay un gris: se es o no se es. Y los criterios para ser los construimos sobre la imagen de los profesionales, los inalcanzables, los exitosos. Si no somos así, no somos. No albergamos definición. 

(Pero lo que vale la pena siempre cuesta. Debe haber alguna fricción con lo que creamos. ¿cómo encajarlo? ¿cómo mejorarlo? ¿cómo superarnos? ¿cómo evolucionar?)

Enciendo un fuego con todo lo que encontré en mi divagación. Veo una llama que crece, pequeña pero potente. Como los que creamos, los que traducimos nuestro mundo al de los demás y lo plasmamos con párrafos, el cuerpo, o melodías. ¿A dónde he llegado? A tres conclusiones:

  • Hay que amar lo que hacemos, pero ser críticos y abrirnos a la mejora.
  • Hay que conectar, abrirnos a los demás, enseñar nuestro cosmos propio: "esto lo hice yo, esto es parte de mí".
  • Hay que disfrutar el mientras y no etiquetarnos en la frustración.
  • Hemos venido a jugar y el mundo es nuestro patio. 

Apuntes de Station Eleven - De cómo nos expandimos y resonamos

martes, mayo 07, 2024

 


( Por obvios motivos, puede haber spoilers )

“I remember damage

Then escape

Then adrift in the strangest galaxy for a long time

But it’s safe now

I found it again

My home

I have found you nine times before, maybe ten

And I’ll find you again

I find you because I know, and I know you because we are the same

I have a job to do

I still have a job to do”.


Cómo resonamos. Nos expandimos a través del tiempo, nuestros actos y nuestras obras, nuestros errores y nuestras palabras.

Hace mucho tiempo quería escribir una historia que fuera de personaje en personaje y se viera como se enlazaban entre sí. Era una idea muy simple, yendo del punto A al B sin profundizar demasiado: personaje hace algo a otro, ese otro conoce a alguien más, y ese alguien se encuentra con el primero, algo así. Directo, lineal, fácil. Ahora entiendo realmente lo que intentaba buscar:  lo que Station Eleven ha hecho con el tejido de sus protagonistas. El verdadero círculo de reacciones, los grados de separación, la onda que se expande y expande y abarca con su oleaje todo el paisaje (la mariposa que bate sus alas).

Unas llaves olvidadas, un bastón, un cuchillo, un cómic, una obra de teatro, una niña. El paralelismo se maneja de una manera preciosa, construyendo lentamente cada imagen, bebiendo de cada personaje, tomando pedacitos de aquí y allá: estamos hechos de los demás. Todo se hila gráficamente por una historia espacial que empieza siendo una mera herramienta del fondo hasta que ves el resonar de la obra tras los años y cada persona que la lee. 

¿Y los silencios? Station Eleven cumple de sobras el “enseña, no cuentes”, por que incluso en las escenas sin diálogo los gestos de los personajes, el juego de luces o el enfoque te llegan al alma. No hace falta un fin del mundo trágico de constante tragedia, lleno de dolor, de lucha hacia la supervivencia, aquí hay esperanza: hay una sociedad nueva que se forja con la fortaleza de cada individuo. Cada capítulo un abrazo, una punzada, una ola de nostalgia, "love is a calamity" y esperanza porque es lo que nos queda ante todo.

Lo que he llorado con esta historia no tiene medida: de alegría, de nostalgia, de pura cautivación por lo increíble de las interpretaciones, de sentir tantísimo, de saber que algo inherente en mí ha cambiado y llevará consigo esta serie.

Está aquí

domingo, octubre 08, 2023

Hay un momento en que te dicen: ya está. Y aunque no veo respiración quiero gritarle (contra todo decoro, toda lógica): ¿cómo que ya está? No. No. No puede ser.

No sé si me dijo «ya no está», pero yo pensé: no, cómo que no está. Sí que está. Está aquí, está caliente, está suave. Aquí la tienes.

Siempre ha estado.


I


El duelo nuevo siempre viene con los anteriores de coletilla. La desdicha arrastra la tristeza anterior: en esta habitación tomé la misma decisión hace 5 años, firmé la misma autorización. 

Era lo que quedaba de mi suegra. 

La presencia eternamente presente en esta casa desde la juventud.

Era el nexo con lo que 2018 y 2019 arrebató.


II


Lo peor es lo que viene después: deshacerte de las rutinas, las evidencias de existir. Barres los pelitos que quedaron, quitas la manta del banco donde tomaba el sol, retiras un plato y lo pones a lavar antes que los otros. 

En la noche ahora quién me recordará a mí que ya no hay que dar una pastilla envuelta en pavo.


III


Hay mantas que deberían lavarse pero siguen en su sitio. Tienen la marca de la siesta, el pequeño agujero de tela aplastada. Tampoco se lava porque tiene pelitos, los miro, los froto entre los dedos porque es lo que queda de acariciar a quien ya no está. Acerco la nariz y huelo. Es curioso como empleamos todos los sentidos para recuperar lo que hemos perdido.


IV


El banquito detrás de la silla me estorba, pero si lo quito entonces ya no quedará la escalera improvisada a la ventana para las patitas con artritis que buscaban el calor del sol. 

No me siento en la butaca porque ahí está su manta con su hueco, su ausencia tangible. Si la quito ya no tendrá su camita improvisada que usaba mientras yo trabajaba.

Si quito lo que estorba, la quito a ella también.

Evolución de personaje

domingo, agosto 27, 2023

 


Yo lo intenté, en serio, pero es imposible hacer un desarrollo de personaje en 2 semanas de agonizante calor que me haga sentir como en los veranos de 3 meses cuando tenía 15, 18 o 20 años. Es imposible juntar un cambio de perspectiva con la consecución de los sueños cuando hay que lavar las cortinas, tapar agujeros de una pared, tirar un ventilador roto del verano pasado, limpiar detrás de los muebles, replantearte si seguir yendo al gimnasio o decidir qué hacer con la pila de libros pendiente que hace seis meses no tocas. 

(Ahora todo es acumular y prisas, en lugar de soltar y sosiego.)

Pero si nos rendimos a eso qué nos queda si no es esperar al próximo puente, el festivo del mes que viene, o gastar días sueltos en algún mes barato para hacer una escapada (escapar de la realidad, de uno mismo, de lo que se lleva a cuestas, de los vacíos, ¿de qué?). Me duermo a las tantas aunque una voz me dice que no debería, que me giraré el horario, pero si no recupero aunque sea una madrugada de verano escribiendo hasta las tantas ¿qué me queda si no es resignarme a perder la juventud?

No piso la playa pero me remojo con la manguera, duermo la siesta y desayuno helado, como lentejas hechas por mi abuela y voy al parque a jugar con mi primo, desayuno en una cafetería conocida solo cuando viajo y le cuento a mi marido sobre los sueños reales e irreales (los de: quiero ser escritora y los de: había un mundo oscuro y la radiación me perseguía), aprendo nuevos juegos de mesa y platico hasta las cuatro sobre todo y nada, paseo con mis abuelos hasta su cafetería favorita y comemos churros con chocolate mientras fuera caen 35 grados a pleno atardecer. No hay plan establecido y aún así se tachan cosas de las listas (de pendientes, de imposibles, de detalles, de espera). 

Egoísmo

sábado, abril 01, 2023

(Foto propia en Instagram, 11/07/2017)

Llevo días dándole vueltas a algunas conversaciones y a porqué me ponen tan nerviosa. Muy a menudo, tengo una respuesta emotiva visceral, salvaje, y tengo que obligarme a parar para que esa rabia desesperada no me consuma. Cuando me pasa, intento entender por qué esa reacción. Así he llegado a la conclusión de que el egoísmo es ese elemento de la humanidad que a duras penas puedo soportar. Va más allá de solo pensar en uno mismo (una habilidad inherentemente necesaria para la supervivencia), es también el pisotear a los demás, la crueldad, atacar al indefenso, ignorar las causas ajenas porque no te tocan de cerca, colocarte en tu pedestal de privilegio y olvidar que, para llegar allí, solo se lo debes al azar o la suerte de nacer con unas condiciones determinadas.

No es nada nuevo, desde siempre ciertas situaciones me generan un malestar hasta físico, pero hasta ahora no he sabido como englobarlas, cual es el denominador común y la emoción primaria bajo la cual se cobijan: una violación, abandonar (o matar) un animal, votar a quien desea recortar derechos, ignorar la lucha de derechos de otros colectivos, no querer pagar impuestos en pos de una sanidad pública, seguir consumiendo sin siquiera tener un ápice de reflexión detrás, consumir el último trozo de pastel sin ofrecer al resto.

De estos ejemplos hay algunos que claramente son para enfurecerse, mientras que otros son tan diminutos en comparación que parece que no tengan relación: pero la encontré. El egoísmo: mi placer ante tu sufrimiento, mi disfrute antes que renunciar, mi poder sobre tu indefensión, mi prioridad siempre la protagonista. 

No es que yo no sea egoísta, pero quiero creer que, en la medida de lo posible, busco que mi balanza moral se incline a lo que considero justo. Sé que en el capitalismo no hay consumo ético y que somos granos de arena en una vasta playa, sin impacto aparente. Sé que no hay nada que yo pueda hacer contra una gran corporación, la contaminación que genera un jet privado, o que decidir no comprar o consumir un producto o marca no afecta en absoluto ni solventa los problemas de derechos laborales. No puedo hacer nada y, aún así, como leí en un libro de Andreu Escrivà sobre los actos personales sobre el cambio climático, tengo una pequeña parcela de responsabilidad sobre la que puedo actuar.

Condensando el dolor

lunes, febrero 13, 2023

(pensamientos que surgen tras ver el episodio 3 de The Last of Us)

He conseguido reducir el duelo, el llanto y la pérdida a unas notas que han sonado cuando menos lo esperaba. Me he roto por completo, entonces, más por la melodía que por la historia. 

Me he prohibido escuchar la que es una de mis canciones favoritas porque me abre todas las heridas. Me recuerda lo perdido, lo que perderé, los que ya no están. Este dolor enterrado ha aflorado. El golpe bajo es para mí porque es la canción con la que he acompañado mis lutos. 

De ahí que pienso en cómo he reducido tanta tragedia a un espacio tan diminuto como es una canción. ¿Es una manera de sobrevivir, porque así tengo todo ese dolor en un sitio al cual me niego el acceso? Es la llave que abre el grifo del llanto y, al mismo tiempo, el baúl que guarda todas las imágenes de despedidas, de últimas respiraciones, de lugares a los que no puedo volver, de la versión de mí misma que ya se ha marchitado. A lo mejor es todo eso, o simplemente solo es la mecha que inicia el camino a lo no resuelto, a la herida que sangra pero ignoro. ¿Cuánto se puede llorar algo que se desconoce?

Condenso el dolor en pocos minutos para creer que así duele menos.


((la canción del dolor y la belleza, la nostalgia:))

A pie de página I

martes, octubre 04, 2022



I

Si el universo tiene voz, ¿cuándo dejé de escuchar? ¿Se atrofia la intuición o es que deja de hablarte porque sabe que no escuchas?

II

Qué  fácil es destruirse, dejarse caer por el abismo. Sanar es complicado, pero es fácil de conseguir, pues puedes seguir en las profundidades. Ahora, ¿re construirse? ¿plantar los cimientos de un camino o una identidad que deseas como propia? Eso es harina de otro costal, es tarea tremendamente titánica. Escalar el precipicio no es nada fácil. 

III

Veo señales, que sé que no son. Busco reafirmar el runrún interno, ese mecanismo que se ha puesto en marcha en esta época de sanación, pausa y recapitulación. Busco ese "sí, sigue", porque necesito ese soslayo de que el universo me desea en esa senda. 

IV

Hace dos años y medio que no ocupaba un lugar en este espacio, este edificio. De quien era quedan vestigios, los contornos, pero el interior, lo que es el sombreado, la textura, es diferente.

V

Me siento en el suelo a escribir sobre nada y todo mientras veo una película (Costa Brava, Líbano). Son cartas, quizá, a mí misma, para centrarme, o quizá recordarme lo que he olvidado: la esencia del todo, la paz.

VI

Del bar de abajo sube el aroma a café. Las mañanas cambian: hay abrigos, mantas, y un amanecer cada vez más rojizo. Tras la ventana cerrada me resguardo del cambio.

No es otoño, pero en la neblina y la montaña que desaparece, escucho música ambiental y me siento un poco menos ajena a este lunes.

Rentrée o lienzo en blanco

lunes, septiembre 05, 2022

Ha brotado una flor en una planta que lleva un año sin capullos. Metáfora o reflejo, me pregunto ahora que inicia septiembre. Más que la página en blanco, un lienzo nuevo, o un bloque de cerámica sin moldear, un brote es un logro, es un paso más que la mera intención de querer (volver a) empezar. 

Apuntes de cerámica IV

martes, agosto 09, 2022


 Y con esto, entré al último trimestre del año dedicado a la cerámica. Recupero fragmentos del cuaderno de viaje que nos pidieron para anotar reflexiones durante estos últimos meses.

Todas las cosas de las que quiero hablar

jueves, julio 07, 2022


Me pasa muchísimo: se me hacen nudos las palabras, se enquistan. A veces es por falta de tiempo, otras es por no tener energía, pero también sucede que, tengo tantas ideas, tantos temas, tanta reflexión, que se apelotonan unas sobre otras y acaban engulléndose entre sí. 

Apuntes de cerámica III

miércoles, mayo 25, 2022


I

De lo plano nace el volumen y del volumen crece la textura. Crece, digo, porque aunque es presión fuera-dentro, quiero pensar que es como una escultura, y se crea dentro-fuera. Blonda, encaje, espiga y hoja se funden con el barro. No tan profundo, no tan superficial: encontrar el punto medio es donde radica la complejidad.

II

De repente en las manos hay algo útil, algo que ya existe pero esta vez lo hace por las propias manos. Tengo ahora 2 tazas, y cuencos, y posavasos. Tengo horas de trabajo que descansan sobre la mesa, en la pared, en casas ajenas. ¿Qué piensan cuando ven esa pieza rudimentaria cuando solo yo sé el proceso que hubo detrás? 

El desapego también se practica cuando regalas las piezas y las llevas a nuevos hogares, ahí también se aprende a decir adiós y a desprenderse de las expectativas, de la pieza y todo lo que fue y podría haber sido. En mis manos ya no es más que un recuerdo. 

III

Después del volumen también pintamos, decoramos. Es otra cara de este prisma creativo con el barro (la tierra). Copiamos, inventamos y nos inspiramos. Yo me inspiro y recupero el limonero de casa. Copio una foquita en el mar. Me imagino una enredadera con flores (las buganvilias de la casa donde crecí, quizá).