Thought Mantique: Personal
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Aceptación radical

viernes, febrero 21, 2025


Todo empezó en lo que llamo afablemente mi "periódico de confianza" y un video que hablaba sobre hacer las cosas a pesar de que no gusten, duelan o sean difíciles. Y aunque 5-10 segundos sean reduccionistas del tema, en los comentarios encontré más ejemplos sobre el tema que se intuía en el video: la aceptación radical (radical acceptance).

No se trata de empujar el cuerpo hacia el sufrimiento, sino que, a pesar de ello, hacer lo que queremos. Es decir, si yo me limito porque hay algo que me va a costar, independientemente de mi límite, debo hacerlo. Si va a doler, si me va a costar, si igualmente tengo que pasar por esto, entonces seguiré haciendo lo que quiero, esa es la premisa. El video resumía: si la depresión me hace sufrir, pues saldré igualmente, aunque duela (porque lo pasaré mal en la cama y fuera de ella, así que mejor hacer lo que me plazca).

Mi primer cambio aplicado siguiendo esta idea fue cuando, tras meses, podía ver a unos amigos si me animaba a hacer plan en domingo, algo que siempre he detestado con toda mi alma. Para mí, es un día de mucho bloqueo, de preparación a la semana, o simplemente de esa tristeza intrínseca (y a veces no tanto) que nace con la perspectiva de volver a la rutina. Y pensé: si el lunes va a llegar igualmente, ¿qué más da si hago planes este día? Así que el domingo fui a comer, a pasear, a tomar un buen café, y luego al cine a ver Nosferatu. 

Como persona de muchos bloqueos y frenos, la mayoría autoimpuestos, la aceptación radical se me antoja un antídoto, un bálsamo que suavice las aristas de la existencia. Soy cauta: a veces el parón debe hacerse por salud, pero cuando no es así, esta nueva filosofía que estoy adoptando me ayuda a desprenderme de mis propias limitaciones. 

Como dijo Saru en Star Trek Discovery (T4):  "He descubierto que los límites que me impongo no me protegen realmente, sino que en realidad apagaban el brillo de mis días" ("I have come to believe the limits that I place upon myself do not protect me so much as dull the brightness of my days.") 

Existencia frustrada

lunes, noviembre 25, 2024

Escribo a menudo pero no soy escritora; juego a videojuegos pero no soy gamer; moldeo cerámica o arcilla pero no soy artesana; pinto o dibujo pero no soy artista; bailo pero no soy bailarina... Siempre impostora, siempre haciendo pero nunca siendo. ¿En qué momento te define lo que haces?

(seguramente es cuestión de confianza propia)

¿La etiqueta la pone el proceso, el resultado o cobrar por ello? Si no hay una transacción económica o una dedicación completa, ¿podemos afirmar que somos o nos tenemos que quedar en la aspiración, el anhelo? En una reflexión sobre la frustración (y donde hay un gran reflejo de mí misma bajo las capas del "nosotros" y el "porqué") empezaba hablando de que la publicación prácticamente inalcanzable para la mayoría es lo que frena en definirnos. Sin el nombre en exhibición es como si no existiera la persona creadora detrás, ¿no? De ahí, desgranando mi propio hilo de pensamiento, discurro hacia el cauce de la conexión: si no se percibe por otros, no existe y, por tanto, la propia existencia tampoco es. 

Disfrutar del camino es una asignatura pendiente en la sociedad: miramos el destino, el tiempo que nos queda, las tareas que faltan, pero se nos olvida el momento, lo que sucede en el tránsito y que, sin ello, no habría ni el principio ni el final. 

(¿a dónde voy? No lo sé, estoy en el camino, estoy escribiendo esto recuperando chispas («espurnes», en catalán, de mis palabras favoritas) y hojarasca para un hoguera reflexiva, un algo contundente y certero que se la respuesta que busco)

¿Tu gusto supera con creces tu habilidad? Ahí también nace la frustración y el no-ser. Porque, ¿cómo vas a ser algo si no puedes apreciarlo? No serás escritor o escritora, solo alguien que junta letras, que cuenta historias, que habla de un sentimiento y lo construye entre rimas. No puedes ser bailarín o bailarina si siempre eres estudiante y casi nunca pisas un escenario. 

Quizá entre ese querer ser y no ser, lo que antes era un amateur ahora es frustración. No hay un gris: se es o no se es. Y los criterios para ser los construimos sobre la imagen de los profesionales, los inalcanzables, los exitosos. Si no somos así, no somos. No albergamos definición. 

(Pero lo que vale la pena siempre cuesta. Debe haber alguna fricción con lo que creamos. ¿cómo encajarlo? ¿cómo mejorarlo? ¿cómo superarnos? ¿cómo evolucionar?)

Enciendo un fuego con todo lo que encontré en mi divagación. Veo una llama que crece, pequeña pero potente. Como los que creamos, los que traducimos nuestro mundo al de los demás y lo plasmamos con párrafos, el cuerpo, o melodías. ¿A dónde he llegado? A tres conclusiones:

  • Hay que amar lo que hacemos, pero ser críticos y abrirnos a la mejora.
  • Hay que conectar, abrirnos a los demás, enseñar nuestro cosmos propio: "esto lo hice yo, esto es parte de mí".
  • Hay que disfrutar el mientras y no etiquetarnos en la frustración.
  • Hemos venido a jugar y el mundo es nuestro patio. 

Está aquí

domingo, octubre 08, 2023

Hay un momento en que te dicen: ya está. Y aunque no veo respiración quiero gritarle (contra todo decoro, toda lógica): ¿cómo que ya está? No. No. No puede ser.

No sé si me dijo «ya no está», pero yo pensé: no, cómo que no está. Sí que está. Está aquí, está caliente, está suave. Aquí la tienes.

Siempre ha estado.


I


El duelo nuevo siempre viene con los anteriores de coletilla. La desdicha arrastra la tristeza anterior: en esta habitación tomé la misma decisión hace 5 años, firmé la misma autorización. 

Era lo que quedaba de mi suegra. 

La presencia eternamente presente en esta casa desde la juventud.

Era el nexo con lo que 2018 y 2019 arrebató.


II


Lo peor es lo que viene después: deshacerte de las rutinas, las evidencias de existir. Barres los pelitos que quedaron, quitas la manta del banco donde tomaba el sol, retiras un plato y lo pones a lavar antes que los otros. 

En la noche ahora quién me recordará a mí que ya no hay que dar una pastilla envuelta en pavo.


III


Hay mantas que deberían lavarse pero siguen en su sitio. Tienen la marca de la siesta, el pequeño agujero de tela aplastada. Tampoco se lava porque tiene pelitos, los miro, los froto entre los dedos porque es lo que queda de acariciar a quien ya no está. Acerco la nariz y huelo. Es curioso como empleamos todos los sentidos para recuperar lo que hemos perdido.


IV


El banquito detrás de la silla me estorba, pero si lo quito entonces ya no quedará la escalera improvisada a la ventana para las patitas con artritis que buscaban el calor del sol. 

No me siento en la butaca porque ahí está su manta con su hueco, su ausencia tangible. Si la quito ya no tendrá su camita improvisada que usaba mientras yo trabajaba.

Si quito lo que estorba, la quito a ella también.

Evolución de personaje

domingo, agosto 27, 2023

 


Yo lo intenté, en serio, pero es imposible hacer un desarrollo de personaje en 2 semanas de agonizante calor que me haga sentir como en los veranos de 3 meses cuando tenía 15, 18 o 20 años. Es imposible juntar un cambio de perspectiva con la consecución de los sueños cuando hay que lavar las cortinas, tapar agujeros de una pared, tirar un ventilador roto del verano pasado, limpiar detrás de los muebles, replantearte si seguir yendo al gimnasio o decidir qué hacer con la pila de libros pendiente que hace seis meses no tocas. 

(Ahora todo es acumular y prisas, en lugar de soltar y sosiego.)

Pero si nos rendimos a eso qué nos queda si no es esperar al próximo puente, el festivo del mes que viene, o gastar días sueltos en algún mes barato para hacer una escapada (escapar de la realidad, de uno mismo, de lo que se lleva a cuestas, de los vacíos, ¿de qué?). Me duermo a las tantas aunque una voz me dice que no debería, que me giraré el horario, pero si no recupero aunque sea una madrugada de verano escribiendo hasta las tantas ¿qué me queda si no es resignarme a perder la juventud?

No piso la playa pero me remojo con la manguera, duermo la siesta y desayuno helado, como lentejas hechas por mi abuela y voy al parque a jugar con mi primo, desayuno en una cafetería conocida solo cuando viajo y le cuento a mi marido sobre los sueños reales e irreales (los de: quiero ser escritora y los de: había un mundo oscuro y la radiación me perseguía), aprendo nuevos juegos de mesa y platico hasta las cuatro sobre todo y nada, paseo con mis abuelos hasta su cafetería favorita y comemos churros con chocolate mientras fuera caen 35 grados a pleno atardecer. No hay plan establecido y aún así se tachan cosas de las listas (de pendientes, de imposibles, de detalles, de espera). 

Egoísmo

sábado, abril 01, 2023

(Foto propia en Instagram, 11/07/2017)

Llevo días dándole vueltas a algunas conversaciones y a porqué me ponen tan nerviosa. Muy a menudo, tengo una respuesta emotiva visceral, salvaje, y tengo que obligarme a parar para que esa rabia desesperada no me consuma. Cuando me pasa, intento entender por qué esa reacción. Así he llegado a la conclusión de que el egoísmo es ese elemento de la humanidad que a duras penas puedo soportar. Va más allá de solo pensar en uno mismo (una habilidad inherentemente necesaria para la supervivencia), es también el pisotear a los demás, la crueldad, atacar al indefenso, ignorar las causas ajenas porque no te tocan de cerca, colocarte en tu pedestal de privilegio y olvidar que, para llegar allí, solo se lo debes al azar o la suerte de nacer con unas condiciones determinadas.

No es nada nuevo, desde siempre ciertas situaciones me generan un malestar hasta físico, pero hasta ahora no he sabido como englobarlas, cual es el denominador común y la emoción primaria bajo la cual se cobijan: una violación, abandonar (o matar) un animal, votar a quien desea recortar derechos, ignorar la lucha de derechos de otros colectivos, no querer pagar impuestos en pos de una sanidad pública, seguir consumiendo sin siquiera tener un ápice de reflexión detrás, consumir el último trozo de pastel sin ofrecer al resto.

De estos ejemplos hay algunos que claramente son para enfurecerse, mientras que otros son tan diminutos en comparación que parece que no tengan relación: pero la encontré. El egoísmo: mi placer ante tu sufrimiento, mi disfrute antes que renunciar, mi poder sobre tu indefensión, mi prioridad siempre la protagonista. 

No es que yo no sea egoísta, pero quiero creer que, en la medida de lo posible, busco que mi balanza moral se incline a lo que considero justo. Sé que en el capitalismo no hay consumo ético y que somos granos de arena en una vasta playa, sin impacto aparente. Sé que no hay nada que yo pueda hacer contra una gran corporación, la contaminación que genera un jet privado, o que decidir no comprar o consumir un producto o marca no afecta en absoluto ni solventa los problemas de derechos laborales. No puedo hacer nada y, aún así, como leí en un libro de Andreu Escrivà sobre los actos personales sobre el cambio climático, tengo una pequeña parcela de responsabilidad sobre la que puedo actuar.

Condensando el dolor

lunes, febrero 13, 2023

(pensamientos que surgen tras ver el episodio 3 de The Last of Us)

He conseguido reducir el duelo, el llanto y la pérdida a unas notas que han sonado cuando menos lo esperaba. Me he roto por completo, entonces, más por la melodía que por la historia. 

Me he prohibido escuchar la que es una de mis canciones favoritas porque me abre todas las heridas. Me recuerda lo perdido, lo que perderé, los que ya no están. Este dolor enterrado ha aflorado. El golpe bajo es para mí porque es la canción con la que he acompañado mis lutos. 

De ahí que pienso en cómo he reducido tanta tragedia a un espacio tan diminuto como es una canción. ¿Es una manera de sobrevivir, porque así tengo todo ese dolor en un sitio al cual me niego el acceso? Es la llave que abre el grifo del llanto y, al mismo tiempo, el baúl que guarda todas las imágenes de despedidas, de últimas respiraciones, de lugares a los que no puedo volver, de la versión de mí misma que ya se ha marchitado. A lo mejor es todo eso, o simplemente solo es la mecha que inicia el camino a lo no resuelto, a la herida que sangra pero ignoro. ¿Cuánto se puede llorar algo que se desconoce?

Condenso el dolor en pocos minutos para creer que así duele menos.


((la canción del dolor y la belleza, la nostalgia:))

A pie de página I

martes, octubre 04, 2022



I

Si el universo tiene voz, ¿cuándo dejé de escuchar? ¿Se atrofia la intuición o es que deja de hablarte porque sabe que no escuchas?

II

Qué  fácil es destruirse, dejarse caer por el abismo. Sanar es complicado, pero es fácil de conseguir, pues puedes seguir en las profundidades. Ahora, ¿re construirse? ¿plantar los cimientos de un camino o una identidad que deseas como propia? Eso es harina de otro costal, es tarea tremendamente titánica. Escalar el precipicio no es nada fácil. 

III

Veo señales, que sé que no son. Busco reafirmar el runrún interno, ese mecanismo que se ha puesto en marcha en esta época de sanación, pausa y recapitulación. Busco ese "sí, sigue", porque necesito ese soslayo de que el universo me desea en esa senda. 

IV

Hace dos años y medio que no ocupaba un lugar en este espacio, este edificio. De quien era quedan vestigios, los contornos, pero el interior, lo que es el sombreado, la textura, es diferente.

V

Me siento en el suelo a escribir sobre nada y todo mientras veo una película (Costa Brava, Líbano). Son cartas, quizá, a mí misma, para centrarme, o quizá recordarme lo que he olvidado: la esencia del todo, la paz.

VI

Del bar de abajo sube el aroma a café. Las mañanas cambian: hay abrigos, mantas, y un amanecer cada vez más rojizo. Tras la ventana cerrada me resguardo del cambio.

No es otoño, pero en la neblina y la montaña que desaparece, escucho música ambiental y me siento un poco menos ajena a este lunes.

Todas las cosas de las que quiero hablar

jueves, julio 07, 2022


Me pasa muchísimo: se me hacen nudos las palabras, se enquistan. A veces es por falta de tiempo, otras es por no tener energía, pero también sucede que, tengo tantas ideas, tantos temas, tanta reflexión, que se apelotonan unas sobre otras y acaban engulléndose entre sí. 

Apuntes post vacacionales

miércoles, septiembre 01, 2021

Se ve un recinto acristalado, con las ventanas abiertas, lo que antes fuera balcón y ahora está cerrado al exterior. Crecen en macetas diversas plantas que se aguantan con varitas de madera.

I

Silencio digital: bloquear notificaciones, archivar grupos, olvidar la creación de contenido. Limitarse a existir, en una franja de tiempo determinada que siempre se antoja como lienzo en blanco.

Las paredes de cada día están limpias de grietas.


Contenida

viernes, mayo 21, 2021


Llevo casi toda la vida replegada, contenida, doblada en pliegues sobre sí mismos para ocupar el mínimo espacio: no hacer ruido, no moverme, ser el punto más ínfimo de todos. Existiendo, pero sin presencia. Lo que existe entre paréntesis, entre puntos suspensivos. Cómo entonces sorprenderme ante un bloque, estar anudada por mí misma, llena de atascos. Tengo los sentidos únicamente en modo percibir, y aún así lo hacen a través de un velo porque incluso la experiencia de sentir está menguada: ser diminuta incluso en ser. 

Cronograma de diciembre - Pausa cíclica

jueves, diciembre 31, 2020

Termino las lecturas pendientes, porque estas se han arrastrado de un mes a otro, lánguidas pero certeras. Finalizo sus letras ahora que he terminado casi el semestre, ahora que el reloj vuelve a estar en mis manos. Veo documentales, como El Silencio de Otros (2018), Los secretos de la tumba de Saqqara (2020), e incluso un reportaje sobre el transbordador Challenger (2020). Veo Estoy pensando en dejarlo y me encanta y me abruma y me desespera, así que es un poco como cuando intento entender cualquier cosa. 

Cronograma de noviembre - El segundo confinamiento

domingo, diciembre 06, 2020

Empecé a leer a Clarice Lispector, y siempre encuentro en sus letras maestría, metáforas, sensaciones y confusión. Volví también a Angelika Schrobsdorff, a quien conocí el año pasado cuando estuve convaleciente, su lectura un bálsamo entonces y ahora. Jugué de nuevo a Alan Wake y me maravilla aún la historia, sus sutilezas y música. Este mes fue el de Antidisturbios y The Mandalorian, pero también de documentales como Lo que el pulpo me enseñó y la Escalera al cielo: El arte de Cai Guo-Qiang. 

Lo que octubre se llevó

viernes, noviembre 06, 2020


Leo mucho, a mujeres, esas voces que son como la mía: Canto jo i la muntanya balla, de Irene Solà; Desencajada, de Margaryta Yakovenko, Qué hacer cuando en la pantalla aparece THE END, de Paula Bonet. Descubro A Sun, de Chung Mong-Hong, también Nosotros y ellos de René Liu, y Puzzle de Marc Turtletaub. 

El sol se pone a las 18:00, por las mañanas hace frío y saco las sudaderas del armario mientras tomo el hábito de usar la cafetera de metal en lugar de las cápsulas. El aire está enrarecido de un confinamiento próximo, pero mientras pueda sigo en casa y voy a bailar cada quince días, para que el movimiento se contagie a cada rincón de mi vida que, como la de todos, parece estar en una pausa neblinosa, confusa.

Huyendo de los favoritos

viernes, agosto 28, 2020


Si alguien me pregunta cuál es mi libro o película favorita, soy incapaz de dar una respuesta concreta, solo atino a dar listados de aquellas obras que en su momento resonaron y cuya influencia en ese instante aún recuerdo o, quizá, aún me afecta. Hablo de aproximados, jamás de absolutos. Algunas me han encantado por ser obras que considero cuasi perfectas, otras simplemente porque era asomarme a un acantilado donde sólo sonaba el eco de mi propia voz. Sea cual sea el motivo, mis obras predilectas son siempre varias, mutan con el tiempo, a veces desaparecen del listado y en ocasiones están ahí para el resto de lo que me queda de vida.

El ritual

domingo, mayo 12, 2019

Si cada acto conllevara una reacción, no sabría identificar si la preparación de un té o de un café es en sí la causa o la consecuencia. Preparo una bebida caliente para concentrarme, para conseguir romper con un hilo de pensamiento desordenado, con una estática mental que me impide avanzar; el resultado de una inercia dispersa. El primer sorbo o el ver la taza humeante a mi izquierda me provoca una sensación de paz, plenitud íntegra que se esparce por mis entrañas y me asienta, me despeja, me ancla; es la causa de mi calma, de mi sosiego.

Ausencia

domingo, octubre 28, 2018






Una ausencia inesperada me ha hecho desvanecerme, igual que esa presencia que daba por sentado. Dejé de ser, y aún hay una parte de mí que sigue intentando escapar de la niebla en la que me he visto tantas semanas. Si alguien pregunta a estas alturas que cómo lo llevo, sigo sin saber qué responder. Me encuentro en los altibajos de un campo inexplorado, a veces claramente saliendo a flote, para volver a caer inesperadamente por un golpe bajo que me deja sin aliento. Me cuesta hallar la voz.

Manifiesto de ida y vuelta

martes, agosto 21, 2018



Llego diciendo que me voy. Una bienvenida que inicia con una despedida, con un 'hasta ahora' en el que reencontrarnos en un futuro. Porque estoy y no estoy, dejé de estar por completo hace mucho, me fragmenté a medio camino y desperdigué las esquirlas, esperando volver a encontrarlas pulidas, listas para la reinserción. Pero lo que se deshecha no vuelve, es así. Quizá regresa con otra forma, como una silueta que trae aires nostálgicos pero cuya forma es totalmente diferente. La misma piedra pero erosionada.