(¿cuántas cosas que me tenían sin dormir ya no existen?)
Llevo tiempo que a ese salto cuántico al futuro pendiente no le peleo como antes, quizá por eso mismo del desgaste o porque me gusta hacerme trampas a mí misma, como si con ingenio y picaresca pudiera derruir todas las barreras que me frenan. Me voy a ese mañana que me agobia, sí, y voy un día más allá y me intento quedar en ese doble futuro, allí donde el primero ya ha sucedido. Me digo: «mañana o pasado mañana a estas horas ya habrá pasado», o «en una semana esto será solo un recuerdo», o «vaya buena cena me daré ese día».
Como la Luna con Artemis II (o Apolo 13), dejo que me arrastre la gravedad y me impulse más allá de lo que temo, a los confines de lo que podrá ser cuando ya haya pasado.
(y, cuando realmente llegue, me diré: «¿ves? no fue para tanto»)
Publicar un comentario