20161006

Apuntes sobre «Y las montañas hablaron»



Título original: And the mountains echoed
Año: 2013
Páginas: 382
Género: Narrativa, ficción histórica
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EditorialSalamandra
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«Ahora sé que algunas personas sienten la desgracia como otros aman: de un modo íntimo, intenso y sin remedio.» 
«Veía mi propio futuro como un interminable y desolado páramo, por lo que pasé la mayor parte de mi niñez en la isla luchando por mantenerme a flote, sintiéndome como un doble de mí mismo, una suerte de apoderado, como si mi verdadero ser habitara en otro lugar, a la espera de reunirse algún día con su otro yo, más difuso, menos sólido. Me sentía abandonado. Un exiliado en mi propio hogar.»


«Una historia es como un tren en movimiento: no importa dónde lo abordes, tarde o temprano llegarás a tu destino», esta fue la primera frase que llamó mi atención, y creo que, a pesar de parecer de lo más ajena, resulta la más reveladora sobre la manera en la que las narraciones se entrelazan para aglomerarse en una gran historia con forma de prisma, del cual con cada protagonista que desvela su pasado adivinamos un lado más de la figura, hasta conseguir observar el todo como tal: un total bien definido.

Una de las claras razones por las que creo que este libro no se disfruta de manera justa —más bien, es juzgado bajo la lupa equivocada— es por la clara comparación con sus antecesores. Los dos anteriores libros de Hosseini construían una historia centrada en escasos protagonistas, a los cuales la narración acompañaba de principio a fin estableciendo un claro marco cronológico que delimitaba la historia. Ello permitía introducirse de lleno en la piel de los personajes, alegrarse con sus dichas y sufrir con sus desgracias, siendo tremendamente fácil sentir cariño y empatía por ellos. En cambio, este libro construye una historia de gran amplitud: un tremendo árbol del cual no sólo conocemos su tronco y rama más frondosa, sino que se nos hace saber qué ocurre en cada ramificación. A cambio de conocer cada lazo que une a los personajes al eje central de la historia, hemos de conformarnos con un breve lapso de tiempo al lado de cada uno de los personajes. Me atrevo a decir que somos invitados a una velada de una noche en la que se nos hace saber, de manera extensa pero breve y a grosso modo la vida (o gran parte de ella) de nuestro anfitrión, tras lo cual abandonamos el recinto para no volver a saber de él o ella más que por breves menciones futuras.

Asimismo, y por más que me encante la escritura de Hosseini no hay que olvidar que su carrera como escritor es más bien breve. Aunque su primer libro haya sido una verdadera joya literaria la inexperiencia acaba revelándose en algún momento y me arriesgo a afirmar en que es en esta novela donde noto una carencia que solo me atrevo a explicarla por eso. Encuentro este libro también como un experimento para él, una manera de romper el molde que comenzaba a formarse por sus dos historias anteriores y del cual me alegro que haya buscado evitar. Aún así, la estructura del libro me resulta no del todo pulida, llegando a ser confusa en ciertos momentos, pues aunque el título del capítulo enmarque una fecha durante la progresión de este existen tanto saltos en el tiempo como cambios de narrador, saltando de tercera a primer persona con sólo un salto de línea entre medio.

( S p o i l e r)
Sin embargo, y creo que no seré la única a la que le pese, eché mucho de menos conocer la historia de Abdulá. Sí, es cierto que a grandes rasgos adivinamos su camino, pero, a pesar de ser casi como un protagonista invisible a quien en todo momento intentamos buscar en las historias del resto, ansío saber como vivió el resto de su infancia, si alguna vez habló de ello con Iqbal o Parwana, como fue su travesía hasta Estados Unidos y como soportó a lo largo de los años la ausencia de Pari, si alguna vez dejó de sentir que en su hogar habitaba un fantasma del pasado del que no osaba a desprenderse.

Tampoco quiero olvidar comentar el peso del tiempo tan azuzado por las enfermedades en las que acaban envueltos los primeros peldaños de esta escalera. Uno inicia la lectura esperando un rencuentro grandilocuente entre los hermanos separados, pero se encuentra con que son las próximas generaciones las que, pese a verse afectadas en menor medida por aquel hecho, acaban siendo los verdaderos receptores del desenlace; una gota cae y sus ondas acaban expandiéndose, no hay mejor símil posible. Es verdad que Abdulá nunca habrá sido del todo consciente de recuperar a su hermana, pero su hija, a quien tanto quiso, se encuentra de golpe con una gran familia que está dispuesta a recibirla con brazos abiertos. Muchas veces se dice que los nietos o los hijos pagan los pecados de los padres, pero más bien habría que hablar de que son quienes cosechan lo que sus antecesores han sembrado, sea algo positivo como negativo, el efecto del tiempo en los actos va mucho más allá que esa dualidad bicolor.
( F i n  S p o i l e r )

A pesar de todo lo que enumero, y que quizás algunos puedan pensar como evidencia de que no disfruté la lectura he de admitir todo lo contrario: me encariñé con los personajes, con sus miedos, sus ausencias, su búsqueda de respuestas, cada uno a su manera intentando encontrar algo en sí mismos que les otorgara cierta claridad a las sombras que pueblan su interior. Conocer de cada personaje todo su viaje vital (por falta de no saber como expresarlo de otro modo) y como les ha llevado al punto en el que confluyen con ese eje central de la novela: la separación de Pari y Abdulá y todo lo que ello conllevó. También el cambio de escenarios, desde Afganistán a París, a California y Tinos, otorgan la historia de ese aire transoceánico que caracteriza muchas de las historias familiares del último siglo, y que permite contemplar hasta que punto se pueden extender las ramas de un tronco que germinó en un lugar de lo más remoto.

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