20141205

Cuaderno literario

Por ahí del trece de abril del dos mil trece empecé mi primer cuaderno de citas literarias.

Después de llevar ya una temporada marcando con post-its las páginas que albergaban mis fragmentos favoritos –ya fuese porque me sentía reflejada, me marcaban de alguna manera o sencillamente me resultaban bellos, graciosos u originales- me planteé que aunque marcara las páginas, esas frases se perderían entre otras tantas. Entonces encontré esta lista sobre cuadernos para gente que amaba la escritura. Ya contaba con una libreta de sueños, así como una de ideas, y algunos específicos para algunas historias (aunque luego me he pasado al formato digital). Fue aquí donde vi que hay personas que utilizaban un cuaderno para guardar esas citas y párrafos que les gustaban. Decidí así utilizar una libreta olvidada en el estante para empezar.

Empecé a traspiés, como siempre que se inicia algo a lo que aún no te acostumbras. Escribía palabras que desconocía o que no tenía bien incorporadas en mi vocabulario, palabras que me gustaban y, por supuesto, las frases -incluyendo la fecha en que las había leído-. También incorporé en la primera página el título y autor de las obras, así como el día en que inicié y finalicé la lectura. Como persona altamente metódica, empece a labrarme un método hasta que he encontrado mi manera ideal para llenar las páginas: leo sin pausa. y en donde algo me llame la atención coloco un post-it (de los plastificados) y, o bien subrayo a lápiz la frase, o realizo una marca en el lateral si es un párrafo muy extenso. 

Y ya está. Esa es la historia de esa libreta. El primero: «El insólito peregrinaje de Harold Fry» de Rachel Joyce iniciado ese trece de abril y el último «Al sur de la frontera, al oeste del sol» de Haruki Murakami finalizado en octubre.


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